Al influencer le pasaron los años

Hubo un joven alto, flaco, de brillantes ojos azules y pelo muy largo que marcó un cambio en el estilo de la conducción televisiva y radial con programas como "La TV ataca".

Ya con un corte de cabello más formal y de traje negro y corbata encabezó un envío que se popularizó por su irreverencia y el desparpajo de los conductores: la franquicia "Caiga quien caiga" triunfó en Argentina y proyectó ese éxito más allá de las fronteras del país.

Mario Pergolini causaba una influencia notable sobre todo en los sectores juveniles de la audiencia por la originalidad y el sesgo progresista (revolucionario, se llegó a decir) de los contenidos que desarrollaba y los formatos novedosos que proponia. Desde la productora "Cuatro cabezas" logró resonantes éxitos artísticos y comerciales a través de numerosos productos. A tono con el desarrollo tecnológico, fundó también el multimedios digital Vorterix.

Pasaron los años. Pergolini es hoy un empresario poderoso que se ha involucrado en la dirigencia deportiva desde Boca Juniors...  (¿a quién les recuerda?).

Lejos del perfil (y de las ideas) del pelilargo contestatario de los comienzos de su carrera, ayer despachó toda su ira de empresario agraviado cuando usó sus micrófonos para calificar de "imbéciles" y de "hijos de puta" (sic) a los legisladores que aprobaron la ley de teletrabajo. Con discurso neoliberal duro y permanentes agresiones a los diputados, sostuvo que la regulación de derechos para los trabajadores a distancia va a lograr que "nadie dé trabajo", entre otras exageraciones.

Claro que es dueño de pensar y opinar como le plazca. Pero al ser una figura popular, debería ser consciente del alcance de sus expresiones y no engrosar las filas de los comunicadores que hacen de la descalificación, la falta de respeto y el insulto su principal herramienta de trabajo.
Debería aclarar, además, que formula esas apreciaciones como patrón y empresario, y no como locutor o periodista.

No es grato pensarlo, pero parece ser que, según pasan los años, los millones ahogaron la frescura y la creatividad de aquel joven original e impetuoso que tanta influencia ejerció sobre toda una generación.

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