Por Rosana Herrera de Forgas (*). Deberíamos empezar esta nota con una reflexión en voz alta para disparar una discusión que ojalá sirviera para aclarar en algo la confusión inducida por intereses que no son propiamente los del pueblo, en un contexto agravado por un escenario de gran dramatismo.
A la industria farmacéutica podríamos hacerla responsable de muchos “pecados” y seguro que acertaríamos. No en vano -de las industrias lícitas- es la que encabeza el ranking del poder mundial, seguida por la de los medios de INcomunicación. Podríamos encontrarle las características más viciosas en cuanto a modalidades de comercialización, a su eximio manejo del mercado de la enfermedad, a la especulación con los precios, a negocios non sanctos con algunos sectores públicos -por la complicidad de compradores flojitos de escrúpulos-, hasta inclusive la manipulación de las necesidades de sus principales consumidores: las poblaciones vulneradas por sus problemas de salud y por todo lo que estas conllevan -como el miedo al dolor y a la muerte-.
Pero así como la podemos hacer responsable de muchas “travesuras”, jamás nos animaríamos siquiera a imaginar -ni mucho menos a insinuar- que encierra intenciones genocidas, como las que le están adjudicando los medios hegemónicos, cómplices y padres putativos de los antivacunas, terraplanistas sanitarios y odiadores seriales. Y en menor medida, escuchadas por una pequeña porción de ciudadanos y de ciudadanas probos, absolutamente desinformados y desalentados por el panorama desolador de una pandemia que no pareciera sólo aterrarnos, sino también anularnos la capacidad de razonar. Pero si probáramos bajar un cambio y por un rato guardar el odio y/o la desconfianza al gobierno “populista” del Frente de Todos en la mesita de luz y seguir reflexionando juntos, no es imposible que lleguemos a ciertas certezas.
La primera, dejar de lado las teorías conspirativas que involucran a los laboratorios medicinales de distintos países –capitalistas todos- como Rusia, EEUU, Alemania, Gran Bretaña, etc, con a todos los Gobiernos del mundo- en una suerte de alianza macabra para acabar con la humanidad. Lo suficientemente macabra como para largar masivamente al mercado productos farmacéuticos -en este caso una vacuna contra la Covid 19- que no cumplan con las condiciones básicas que debe cumplir cualquier farmacoterapia: calidad, seguridad, efectividad y accesibilidad.
No sirve comercializar un fármaco que sea de calidad (algunos autores plantean la calidad como sinónimo de efectividad y hablan de tres requisitos, en este caso a los fines de hacer más clara la explicación, hablemos de cuatro) sino es seguro y accesible. Como no se puede formular y garantizar que sea seguro y efectivo si no está al alcance de todos. Muchísimo menos tratándose de una vacuna para una pandemia que está poniendo en jaque al planeta entero.
Los colonizadores de la subjetividad como los Lanatas, los Leucos, los Feinman -y tantísimos otros como ellos- y los por ellos colonizados -esos desquiciados que pueblan las plazas, gritando en contra de las vacunas- hablan con una contundencia que apabulla y usan un lenguaje que les es completamente ajeno por lo técnico y específico para especialistas. Y lo que es peor, son quienes “ilustran”, a dosis diaria, al doñarrosimo que sabe por ellos -amparados en el manantial de sabiduría del que nutren sus discursos- que existe lo que se llama fases en el desarrollo de una vacuna. Lo que no tienen idea ni ellos ni doña Rosa -porque no tienen por qué saber- es en qué consisten esas fases, qué garantizan y qué y cuándo se aprueba, antes de que se comercialicen. Y mucho menos saben que existen estándares de calidad y pautas éticas internacionales que regulan el sector (1)
Desde que el virus SARS-CoV-2 se extendiera por todo el globo provocando la pandemia de coronavirus que sufrimos actualmente, ha comenzado una auténtica carrera por el desarrollo de una vacuna segura y efectiva. Existen muchos en curso en diferentes países del mundo y algunos de ellos se encuentran ya en fase III y es bueno destacar que el gobierno argentino tomó los recaudos para evitar el desabastecimiento y planificar la administración en etapas a toda la población que acepte ser vacunada, para lo que previamente deberá firmar un consentimiento informado que avale su decisión.
Con respecto a la fabricación está tan rigurosamente protocolizada que primero se hacen investigaciones en el laboratorio y luego se pasa a las pruebas in vitro. Más tarde se hacen en animales (ratones, monos) de experimentación in vivo y luego se realizan estudios en humanos sanos. Finalmente se prueba en enfermos.
Cuando se supera todo este proceso denominado preclínico, recién comienza a trabajarse con humanos. Sin embargo, para que esto ocurra, cualquier medicamento debe cumplir con una serie de otros requisitos
⦁ Fase I: En la fase I empiezan las pruebas en humanos sanos. En esta ocasión se suministran pequeñas dosis de la vacuna a un grupo pequeño de voluntarios y se evalúa la seguridad del medicamento y sus efectos en el organismo. Sin embargo, este ciclo puede verse paralizado si alguno de los pacientes presenta efectos adversos o desarrolla algún trastorno que puede ser derivado de la inyección de la vacuna.
⦁ Fase II: Posteriormente, con los resultados obtenidos en la fase anterior, se establecen las dosis adecuadas y la vacuna comienza a probarse ya no solo en voluntarios sanos, sino también en pacientes. En este periodo, se utiliza la técnica del doble ciego: ni los pacientes ni los médicos saben hasta el final si se ha administrado placebo o vacuna.
⦁ Fase III: Es la previa a su comercialización y consiste en la administración del fármaco a grandes grupos. Se busca probar su eficacia en el día a día, en condiciones semejantes a las de la realidad.
Tras el éxito de todo este proceso, los investigadores deben presentar el proyecto a las autoridades sanitarias correspondientes y estas valorarán si el fármaco puede comercializarse o no.
Cuando cualquier medicamento sale al mercado comienza lo que se llama la fase IV de vigilancia. Se sigue investigando y los médicos, las farmacias e incluso los propios pacientes pueden notificar a las autoridades correspondientes -en nuestro caso sería a la ANMAT: Administración Nacional de Alimentos, Medicamentos y Tecnología Médica-
Es decir, en ocasiones puntuales, puede que un fármaco deje de ser administrado a la población o a un grupo de personas, ya que sus efectos a largo plazo, pueden poner en riesgo su salud. Situación que podría darse con cualquier medicamento de venta libre (paracetamol) o con un antibiótico de alto espectro (amoxicilina) Sin embargo, en el caso de las vacunas, es más difícil que ocurra, ya que el mecanismo de acción es la producción de anticuerpos, por lo que a largo plazo no suelen tener efectos. A estas alturas tal vez es bueno aclarar que una vacuna puede recibir autorización de uso de emergencia antes de obtener la aprobación formal.
El trabajo comenzó en enero con el descifrado del genoma del SARS-CoV-2. Las primeras pruebas de seguridad de vacunas en humanos (fase I y II) comenzaron en marzo, y ya tenemos varias en fase III, que es la fase que garantiza efectividad En junio de este año, la OMS había contabilizado 116 vacunas en curso de experimentación, de las cuales 10 habían entrado en la fase de pruebas técnicas. La Sputnik V, desarrollada en un instituto estatal (Gamaleya de Epidemiología y Microbiología, financiado por el fondo soberano RIDF, Fondo Ruso de Inversión Directa), la desarrollada por los alemanes de BioNTech y Pfizer. La de la biotecnológica Moderna de EEUU, la de Jhonson y Jhonson, la de los laboratorios chinos Sinopharm y Sinovac, y la que está desarrollando la Universidad de Oxford y Astra-Zeneca.
Es de tal envergadura la crisis sanitaria global que la Codirectora del Global Health Center del Instituto de Estudios Internacionales y del desarrollo de Ginebra (IHEID), Dra Suerie Moon, decía hace unas semanas: “jamás antes una vacuna había sido considerada como un bien estratégico, tan esencial para la seguridad nacional, la reactivación económica y la salud pública”.
Y los laboratorios que están en carrera son las piezas de este forcejeo global por una vacuna a cuyo descubridor le aportará tanto dinero como prestigio y un franco reposicionamiento geopolítico, sin dudas, pero que es otra discusión que no tiene nada que ver con esta nota y la necesidad de vacunarnos.
Planteadas así las cosas ¿Podría entonces alguien sostener, seriamente, que la vacuna, cualquiera sea el origen, le generaría daños o le provocaría la muerte a todo aquel que se la coloque?
Volvamos al planteo de inicio: la industria farmacéutica estando frente a un monumental desafío, el más grande en un siglo, ¿atentaría contra su propio negocio? ¿Para qué lo haría? ¿Para matar a la gallina de los huevos de oro? ¿Para suicidar al país que representan? ¿No es más sensato suponer que, como afirmamos párrafos antes, el tema no es qué negocio le representa al laboratorio que, en idénticas condiciones, salga primero al ruedo, sino cuán rápido llega a nuestro país aquella que, resultando de menor costo, logre disminuir la morbimortalidad que tanto nos angustia?
Recordemos que están abiertos varios canales para adquirir la Sputnik V, la de Pfizer, la de Astra-Zéneca pero hasta aquí, independientemente del precio unitario por el que se fuese a adquirir la millonaria cantidad de unidades, es de capital importancia advertir que en una licitación pública y de tamaña magnitud, se debe tener en cuenta las ventajas que representa la logística de almacenamiento y distribución de una vacuna cuando no lleva cadena de frío porque se trata de un frasco ampolla con un polvo liofilizado que trae aparte el solvente, o cuando por el contrario necesita bajísimas temperaturas bajo cero para su correcta conservación. En las compras públicas, muy especialmente en la de medicamentos y/o vacunas, el pliego de especificaciones técnicas es lo más relevante dentro de las cláusulas particulares porque la precisa descripción del insumo a cotizar siempre redunda en beneficios para el Estado.
Y es justamente por esto último que me permito disentir con el Presidente de la Nación cuando plantea que no hay que hablar de ideología en el caso de la compra de la vacuna. Porque si bien es cierto que no importa para nada qué país la elabore mientras sea de calidad, efectiva, segura y accesible, la elección del dónde, del cuánto y del para quién comprar, es palmariamente una decisión política. Y si quién ejerce esa voluntad, pertenece a un gobierno nacional y popular como el actual, el objetivo es vacunar gratuita y masivamente a la población, pensando sólo en su estado de bienestar, priorizando los grupos de riesgo en la primera etapa, y con el menor costo posible para el Estado.
Si por el contrario, nos gobernara un régimen neoliberal como el anterior, ya sabemos que la compra se haría a un precio que beneficiara a los amigos del poder y los destinatarios no serían otros que los sectores más privilegiados de la sociedad, con capacidad de bolsillo para adquirirla.
Y es por razones ideológicas, que los mercaderes de la DESinformación se complotaron para denostar, también a dosis diaria, a la vacuna que ofrece el gobierno de Rusia. Por cuanto debemos señalar que, así como empezamos “defendiendo” a la industria lícita más poderosa del mundo por las falacias lanzadas en su contra, ahora si podríamos afirmar que entre los pecados que se le adjudican como propios, están los suculentos “obsequios” que suele otorgar a los difusores de fake news que desacrediten a la competencia.
Y sólo les basta para comprobar mis dichos con prestar atención al ejemplo más claro: recordemos las mentiras sostenidas el fin de semana pasado, en su programa de televisión, por el famoso comunicador -de indumentaria muy colorida y algo histriónico- y compararlos con los titulares de la prensa escrita, celebrando la aparición de otra vacuna producida por un laboratorio yanqui y elogiar su efectividad del 90%., Claro… que el que necesite 80° bajo cero para conservar su cadena de frío, es para el tabáquico periodista -y sus socios- apenas un detalle.
(1) ALGUNAS PAUTAS ETICAS INTERNACIONALES
(1) Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial. 64a Asamble General, Fortaleza, Brasil, octubre 2013.
(2) Standards and operational guidance for ethics review of health-related research with human participants. World Health Organization 2011.
(3) Guide for the care and use of laboratory animals - National Research Council. USA, 2011
(4) International Ethical Guidelines for Epidemiological Studies - CIOMS. Geneva, February 2008.
(5) Reglamento de la Ley N° 20120, sobre la investigación científica en el ser humano, su genoma y prohíbe la clonación humana. Chile, 2010.
(6) El Código de Nüremberg. Publicado en 1947, el Código de Nuremberg fue una respuesta a las atrocidades cometidas por los médicos investigadores nazis.
(7) Las Fases de los Ensayos Clinicos de Vacunas y Medicamentos. Desarrollo de vacunas y desarrollo de medicamentos en los ensayos clinicos.
(8) Guías Operacionales para Comités de Ética que Evalúan Investigación Biomédica. (Versión en Inglés). Organización Mundial de la Salud 2000.


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