Por Mario A. Caria para el Capitulo 7 de "Historia natural de las Yungas de Tafí Viejo".
En este capítulo abordaré la arqueología de la sierra de San Javier (SSJ) y sus alrededores, donde se incluye a las cumbres del Taficillo, Periquillo, sierras del Siambón y todo el sector que va desde la cuenca del río Lules hasta la cuenca Tapia-Trancas. El área delimitada pertenece, en parte, a los departamentos de Yerba Buena y Tafí Viejo.
Antes de comenzar haré una referencia sobre qué es la arqueología. Es una ciencia que estudia el pasado de los seres humanos a partir de los restos materiales que estos realizaron y que uno los investiga. Se trata de una disciplina que, al igual que la historia por ejemplo, tiene por objeto el estudio de los seres humanos. Pero, a diferencia de ésta, la arqueología no siempre dispone de fuentes históricas, como los historiadores. Es por ello que, a veces, las interpretaciones resultan un poco más complicadas. El trabajo de los arqueólogos requiere de muchas salidas de campo.
Una cosa para aclarar: los arqueólogos no trabajamos con fósiles de dinosaurios o de gliptodontes. La ciencia que estudia estos tipos de fósiles es la paleontología, a través del trabajo de biólogos o geólogos, entre otros especialistas. Además, existe una separación de millones de años. Los dinosaurios vivieron hace 60 millones de años y el hombre, como género Homo, apareció hace solo 2 millones de años y como especie Homo sapiens (el actual hombre moderno), hace aproximadamente unos 200 mil años. Por lo tanto, es un mito de que el hombre convivió con los dinosaurios.
Las Yungas han constituido un paisaje interesante en la ocupación humana. Históricamente, desde el punto de vista prehispánico, las ocupaciones más antiguas para las Yungas se encontraban en la provincia de Jujuy, con más de 3.000 años de antigüedad. En los paisajes propios de las Yungas habitaron indígenas hace más de 2.000 años.
En un ambiente tan húmedo como el de las Yungas es muy difícil la preservación de los restos materiales. La vegetación va cubriendo las estructuras de piedra de las viviendas o casas de los antiguos indígenas, por ejemplo, deteriorándolas hasta hacerlas desaparecer. El agua es otro elemento natural que dificulta la preservación de los restos materiales. Por ejemplo, el Dique El Cadillal, una obra hecha por el hombre, ha sepultado una serie de sitios arqueológicos típicos de la zona. Y ahora solo se los puede estudiar cuando el nivel del agua baja. Este es otro ejemplo de que los arqueólogos tenemos pocos momentos del año en el que podemos estudiar los sitios arqueológicos. Pero también algunas veces el agua favorece la preservación de los sitios, por ejemplo el mismo dique, ya que evita los saqueos por parte de las personas.
Hoy en día está en boca de todos los temas del cambio climático. Hay que destacar que en el pasado también hubo cambios ambientales. Tanto el paisaje como el ambiente se ven afectados por los cambios a lo largo de los milenios. En Tucumán se viene trabajando en distintos sitios arqueológicos para poder reconstruir cómo era el clima y el ambiente en el que vivieron los indígenas prehispánicos. Hemos podido determinar que en los últimos 10.000 años estos ambientes y el clima han ido cambiando. Hubo momentos donde los mismos ambientes eran más áridos y en otros momentos más húmedos. Por ejemplo, hace aproximadamente 1.000 años las condiciones climáticas eran mucho más húmedas que en la actualidad. Después, en el último milenio, se establecen condiciones más áridas o más secas. Los grupos humanos tuvieron que convivir con esos cambios, al igual que nosotros convivimos en la actualidad con épocas de sequías o de abundantes lluvias. Este año, por ejemplo, el invierno se adelantó varios meses. Imaginen hace 1.000 años, el hombre tenía que ingeniárselas de diferente manera para enfrentar esos cambios ambientales y con una tecnología muy diferente a la que hoy utilizamos para enfrentarlos.
¿Cuáles son las características de los sitios arqueológicos que encontramos en la selva de Yungas?
Cuando nos referimos a sitios arqueológicos, nos referimos a lugares donde existen restos indígenas del pasado. Estos restos pueden ser fragmentos cerámicos, conanas, morteros o algún indicio que nos indique que allí hubo un sitio de ocupación.
Una de las características de los sitios es que las viviendas estaban construidas con piedras clavadas en el terreno. Cuando los arqueólogos observamos piedras clavadas tenemos la certeza de que allí existe un sitio arqueológico. Podemos inferir que el resto de los materiales con los que se construían las viviendas eran materiales perecederos (maderas, paja, barro, etc.). Obviamente, muchos de esos materiales no quedaron para nuestro registro, pero suponemos cómo eran las viviendas. En la zona de Horco Molle hemos encontrado un sitio con una vivienda. En la prospección se registró una piedra clavada; excavando apareció el piso de la vivienda, lo que es muy difícil de hallar. Estos pisos eran de tierra y con el uso del lugar se fueron compactando y eso nos permitió identificarlos. Además se encontró material depositado como, por ejemplo, restos cerámicos y una mano de moler. Las viviendas eran bastante modestas, pero no por ello menos importantes que las que se pueden encontrar en el valle de Tafí o Amaicha, las que tienen otra envergadura.
En la zona de El Cadillal (Departamento Tafí Viejo), que corresponde a un ambiente de transición entre las Yungas y el Chaco Serrano, se descubrieron restos de una vivienda, la que pudimos observar por primera vez cuando el nivel del dique bajó. Se advirtió que aquí se repite el patrón de piedras clavadas en el terreno, las cuales estaban canteadas o trabajadas en sus lados. Además logramos localizar un nivel de piso en donde encontramos fragmentos cerámicos (posiblemente de alguna olla para cocinar). Esta fue la primera estructura de vivienda que se pudo trabajar en la zona, debido a que la mayoría de los sitios están sepultados bajo el agua.
En Los Noques, en la zona de El Siambón, existe un sitio donde se observa un grupo de piedras formando un semicírculo (nunca un circulo completo como son características las viviendas del valle de Tafí).
Algo que quiero aclarar es que los arqueólogos denominamos a los grupos que habitaron las zonas de las yungas y de tierras bajas (llanura) de Tucumán dentro de lo que se conoce como «Cultura Candelaria». A la mayoría de las ocupaciones prehispánicas que caracterizan a todo lo que es el pedemonte de Tucumán, inclusive hacia el sur, desde el río Lules hasta el norte de la provincia, los incluimos dentro de esta cultura.
En Raco encontramos restos de una antigua vivienda. Observamos vestigios de un doble muro y además restos de fragmentos cerámicos y piedras trabajadas como puntas de flechas.
Un caso excepcional para la parte baja de las Yungas tucumanas, que tuve la dicha de descubrir y trabajar junto a otro colega, está ubicado en una zona de transición entre las Yungas y el bosque de Chaco Serrano. Este sitio está alejado de la zona de TafÍ Viejo, San Javier y Cumbres del Taficillo, se encuentra en la zona de Ticucho, en la cola del Dique Celestino Gelsi (El Cadillal). Se caracteriza por una estructura similar a un muro perimetral de 30 metros de diámetro, con unas 30 estructuras circulares de uno a dos metros de diámetro. Tiene unas puertas de ingreso hacia el patio central y una rampa de cinco metros (algo excepcional), algo que no se conocía para la arqueología del área. También se encontraron morteros en el centro del patio. Esto es como una pequeña aldea, en la que aún se está trabajando, pero es algo que no se ha encontrado en ningún lugar de este sector de Tucumán. Se pudo determinar que este sitio tiene una antigüedad de 1.700 años. Allí hemos encontrado materiales que podemos asociar a estas zonas, por ejemplo piedras que son típicas de la sierra de San Javier, que no aparecen en el río de la zona de Ticucho. Esto nos indica que estos grupos se movían entre estos ambientes.
Otro de los elementos que utilizamos en la arqueología para hacer interpretaciones, son las piedras grabadas. En San Pedro de Colalao hay una piedra grabada. En la sierra de San Javier hemos encontrado un bloque de piedra donde es interesante de observar una serie de estrías, las cuales son venas de cuarzo naturales. Esta es una piedra que ha sido intervenida por los indígenas. Además de las estrías, tiene un pequeño hoyuelo que esta tallado en la piedra que se puede interpretar como un elemento donde se realizan las ceremonias asociadas al agua. Para los grupos indígenas el agua era sumamente importante y estos elementos asociados a este recurso muestran la cosmovisión que tenían los mismos sobre las cuestiones atmosféricas. Este bloque de piedra se encuentra en un sitio de Raco, desde donde se puede visualizar una gran parte de la cuenca Tapia-Trancas. Observando esta piedra extrapolé un mapa realizado a partir de fotografías aéreas e imágenes satelitales de la cuenca. Cuando extrapolamos nuestra visión occidental-cartesiana del paisaje de la cuenca, puedo comprender que los antiguos indígenas tenían otra mirada y que también podían percibir el entorno a gran escala, no solo a nivel del sitio donde vivían, si no que eran capaces de percibir el paisaje en su gran dimensión. Yo utilicé imágenes satelitales para poder tener una idea de cómo es la cuenca, que tiene aproximadamente 50 km. A los indígenas les hizo falta encontrar una piedra que representara esa escala o esa dimensión, sin necesidad de recurrir a la tecnología que yo utilicé, para tener una idea de cómo es la escala espacial del paisaje donde yo vivo.
Otro de los elementos que encontramos en la zona y que en cierto modo son comunes, son los morteros comunitarios. Estos morteros, que seguramente ustedes han visto en alguna parte, generalmente se encuentran en la cercanía de los ríos. En el río Anta Yacu, en Horco Molle, se ha encontrado un mortero comunitario donde se molían granos y pigmentos minerales para teñir las prendas que ellos utilizaban. También hemos encontrado, en algunos morteros, que molían huesos de animales que suponemos tendrían que ver con una cuestión ritual, según algunos estudios realizados.
Hemos visto cómo eran las viviendas, como percibían el paisaje, como era la asociación comunitaria con los morteros. También hemos podido conocer cómo enterraban a sus muertos, tema de suma importancia para los arqueólogos, siendo uno de los elementos que más estudiamos. Por ejemplo, en la zona del río Anta Yacu (Horco Molle), descubrimos junto con otros colegas, cuatro vasijas dentro de las cuales había restos de huesos humanos. Estos entierros fueron fechados en un laboratorio de Estados Unidos y nos dio una edad de 2200 años. Este es uno de los sitios más antiguos para esta zona y la característica es que estos entierros se han encontrado en lo que actualmente es el cauce del río Anta Yacu. Tal vez surge la pregunta: ¿por qué los indígenas enterraban a sus muertos en el medio del río? Esto no es así. En base a estudios que realizamos de las barrancas del río nos dimos cuenta de que hace 2.200 años estas vasijas habían sido enterradas en una parte elevada (lo que se denomina terraza) y un poco alejada del actual río. Todo esto nos indica que en los últimos 2.200 años este río o arroyo fue modificando su cauce o su curso hasta destruir parte de la terraza, y el cauce actual va por lo que era la antigua terraza. Como podemos observar, el paisaje va cambiando a lo largo del tiempo. Por eso es importante integrar toda la información con aspectos geológicos, biológicos, etc. para poder comprender mejor cómo vivían los grupos prehispánicos.
Una de las características típicas de la «Cultura Candelaria», y que aparece en la región de las Yungas, son las urnas funerarias. En estas urnas obviamente se colocan los muertos. Existen dos tipos de entierros: primarios y secundarios. En el primero de los casos estamos hablando de un entierro que fue encontrado tal como se colocó originalmente en su tumba; mientras que en el caso de un entierro secundario, se trata de huesos o fragmentos anatómicos que fueron sepultados y después de un tiempo extraídos y depositados en otra parte (por ejemplo dentro de una urna). Este último tipo de entierro es típico de toda esta zona. En el año 2000, en la calle Uttinger de Tafí Viejo, después de una lluvia torrencial típica de verano, se abrió una cárcava o pozo en el medio de la calle y quedaron al descubierto dos bodoques con este tipo de entierros. Fueron llevados al laboratorio donde fueron trabajados y se identificaron dos individuos en cada uno de los bodoques. Lamentablemente por el estado de preservación que tenían, a medida que los íbamos desenterrando se iban pulverizando los huesos. Lo bueno es que fuimos registrando paso a paso la excavación.
Generalmente se hacía un entierro primario dentro de las urnas cuando el fallecido era un recién nacido o niño; es decir, lo colocaban directamente dentro de la urna. Los entierros secundarios corresponden a individuos adultos, a quienes sepultaban bajo tierra para que se descarnaran y luego, en uno o dos años, procedían a exhumarlos y colocar sus huesos dentro de la urna.
También se han encontrado estatuillas cerámicas, algunas en la zona de Horco Molle y otras más al sur de la provincia (también en ambiente de Yungas). Las mismas aparecieron en un montículo ceremonial grande de piedra o tierra (en este caso tiene cuatro metros de alto por tres metros de largo) donde los grupos indígenas hacían sus rituales, practicaban su religión. Estas estatuillas, según nuestras interpretaciones, estarían representando la figura de los chamanes (sacerdotes), quienes practicaban la cura mágico-religiosa. Podemos compararlos con los sacerdotes, pero estos además hacían curaciones. Esto es interesante porque son los primeros hallazgos que se hacen para las zonas bajas tucumanas, sobre todo en ambientes de Yungas, de este tipo de materiales. Estas figurinas son muy lindas y representan los aspectos antropomorfos de los chamanes.
Las vasijas típicas de las Yungas (réplicas suyas pueden observarse en el museo del Instituto de Arqueología y de El Cadillal) tienen representaciones antropomórficas. Hacia el norte (Choromoro), apareció una vasija conocida como «La Aguadora» porque llevaba en sus espaldas un cántaro de agua. Como ven el agua es un elemento siempre presente. En las vasijas se observan sapos, una de las figuras más representadas en la «Cultura Candelaria» siempre con una asociación a la cuestión del agua. En el lomo de las vasijas se representaban aves como la pava del monte. Otra figura representada en las vasijas son las llamas (especie de camélidos). Siempre se creyó que las llamas no eran propicias para criarse en ambientes de Yungas o zonas húmedas. Más bien suelen estar asociadas a zonas de Puna o valles de altura. Nosotros encontramos evidencias de que estaban criando llamas en ambientes de yungas hace 2.000 años atrás.
Algunos instrumentos de piedras aparecieron en estos sitios que estamos trabajando, por ejemplo hachas de piedras que servían para trabajar cortando la madera y boleadoras. También encontramos puntas de cuarzo de material local y puntas de obsidianas (vidrio volcánico) que son muy importantes, porque este material no existe en la provincia de Tucumán. La fuente más cercana de este material se encuentra en Antofagasta de las sierras (Catamarca). En base a una serie de análisis que se hicieron en Estados Unidos, sobre las características químicas de estas obsidianas pudimos determinar el lugar exacto de la fuente de donde provenían. Esto es muy importante porque nos permite, como arqueólogos, tener una idea más general de que estos grupos no solo se quedaban viviendo aquí sino que había una interacción, producto del tráfico e intercambio de bienes permanentes. En la zona de la Puna se han encontrado plumas y materiales que son propios de las yungas. Así como nosotros actualmente nos movemos (con medios diferentes), ellos también se movían para proveerse de diferentes materiales, ya sea para comida o productos de diferentes características entre las Yungas y la Puna.
¿Cómo era la alimentación de estos pueblos indígenas?
Hasta hace poco no sabíamos con exactitud de qué se alimentaban estos grupos. En los últimos años en San Javier y más al sur (Ticucho), hemos encontrado restos de porotos en un piso de ocupación. El resto de la evidencia (maíz, calabaza, zapallo, tubérculos, etc.), se pudo determinar en base a análisis microscópicos de restos de microfósiles. Esto se hizo con la colaboración de investigadores expertos en estos temas. La metodología consistió en raspar los morteros, donde molían el alimento, se hizo un análisis y a nivel microscópico se pudo determinar, con técnicas nuevas para la arqueología del NOA, que había presencia de los alimentos antes mencionados. En base a estos restos, que no se ven a simple vista, pudimos establecer qué era lo que realmente estaban consumiendo estos indígenas hace 1.000, 1.500 o 2.000 años atrás. En el pasado, y por el tipo de ambiente, la comida se degradaba. Todo esto es en cuanto a los vegetales de los cuales se alimentaban. En cuanto a la fauna, consumían llamas, tarucas, chancho del monte, quirquinchos, etc. En los sitios que hemos excavado, hemos encontrado restos de huesos de estos animales, junto a restos cerámicos (ollas donde cocinaban) y en las zonas de los fogones donde quemaban o hacían la comida. Además, encontramos huesos de llamas recién nacidas, lo que implica que las crías estaban naciendo en el lugar o sea que no las traían de otras zonas más altas y áridas, si no que las estaban criando en estos ambientes más húmedos.
Desde el punto de vista de la conservación del patrimonio, actualmente las ciudades están asentadas sobre zonas que antiguamente eran parte de la selva pedemontana de Yungas. Lo que se encontró, por ejemplo en la calle Uttinger, es una casualidad gracias a que no estaba pavimentada. Actualmente muchos sitios arqueológicos pueden estar debajo de urbanizaciones (como es el último hallazgo realizado por debajo de la vereda del Policlínico en el centro de la ciudad de Tafí Viejo).
El avance de las urbanizaciones, las grandes construcciones que se tienen planificadas a futuro, por ejemplo el Dique Potrero del Clavillo y de las Tablas, harán que se pierda mucha información arqueológica, pero, fundamentalmente, el desmonte del pedemonte tucumano, destruye permanentemente sitios arqueológicos. Cualquier cosa puede ser sustentable, menos el patrimonio, ya que una vez que se pierde no se recupera más. Por esto, es importante que las autoridades gubernamentales apliquen mecanismos o reglamentaciones para las futuras urbanizaciones.






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