La mirada de servicio ecosistémico, esta engarzada con las necesidades de bienestar humano. Estamos ante un cambio de paradigma: El agua en un ecosistema no debe mirarse como un recurso que el hombre puede explotar como quiere y cuando quiere. Las definiciones de servicio ecosistémico son diversas, pero conceptualmente nos da un modo de cuantificar (los números siempre ayudan a entendernos) a planificar y manejar los beneficios que provee un ecosistema. Claro que esta tarea no es tan fácil cuando involucra un sistema que es además el medio para la vida de los organismos acuáticos, ya lo dijimos, que interactúan entre sí y con el sistema abiótico. Generan así, no pocas veces, otras funciones ecosistémicas que también son otros servicios ecosistémicos, fijación de carbono, por ejemplo.
Como es dable imaginar, todo esto nos lleva finalmente a la política pública alrededor del agua. ¿Cómo decidimos que hacer con su manejo? La respuesta es la gobernabilidad del agua. Definida como un conjunto de leyes, normativas, e instituciones más todas las políticas y acciones del gobierno con las actividades locales, incluyendo a las fuerzas del sector privado y de la sociedad civil (modificado de Peter Rogers y Alan W Hall para Global Water Partnership). Queda claro entonces que, a pesar de las propuestas desde lo económico y técnico, la fuerza impulsora aquí es la política.
De este modo tenemos conceptos y propuestas novedosas en política y ambiente, que no deben ser tomadas sectorialmente ya que solo juntas pueden llevarnos a un desarrollo sustentable nacional. Por lo tanto, para completar este cuadro, para un manejo integrado del agua, debemos incluir a la ciencia (básica y ambiental por ej.) como campo capacitado para señalar y predecir las disponibilidades del servicio ecosistémico acuático. Es el único camino para una gestión inteligente es decir hacia una gobernabilidad efectiva del agua.


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