Jueves 13 de agosto de 2020: Por las Plazas con las Madres

Por Sara Mrad. Para quienes observamos la vida desde un lugar totalmente alejado de lo científico nos resulta verdaderamente curioso y hasta nos intriga ver y analizar cómo desde que nacemos nos vamos relacionando con el otro.

Cuando nacimos al mundo, alejados ya de ese lugar placentero, acuoso y tibio que nos contuvo y que nos alimentó durante nueve lunas comienza, la infatigable y dificultosa tarea de "relación", de encontrar y reconocer a quienes nos rodean. Quizá, tan siquiera, no podamos definir ni los sonidos, ni los colores, ni las formas, pero sí sentimos la calidez protectora de  la oquedad de nido de quienes  nos acunan.

 Y así vamos desde pequeños, a cada paso, en esa tarea creciente de relacionarnos con el otro: la madre, el padre, los hermanos/as, la familia, los vecinos, los compañeros en la escuela, el barrio... Con el tiempo transcurrido  comenzamos fundamentalmente  a reconocernos en el otro.

Me enamora pensar que ese relacionarnos y reconocernos desde pequeños es el primer paso que damos para definir los rasgos de formación de grupos sociales en donde comenzamos a compartir sueños comunes, ideales, esperanzas, que acrecentados, van a formar parte del crecimiento y desarrollo cultural de un pueblo y es allí dónde comienza a florecer  el amor a ese pueblo.

Pero ese amor no se queda ahí, más bien es en esa primavera florecida, que estalla en colores diferentes, la que coagula, solidifica  y condensa  en frutos que nacen de ese reconocernos en los relatos de la historia, aún a destiempo, aún no habiendo sido contemporáneos  a los sucesos narrados, pero que  definen nuestra pertenencia, nuestra identidad y así va naciendo nuestro amor  a la Patria.
 Y pienso en Nuestros Hijos y en tantos hijos a lo largo de nuestra historia que abrazaron luchas, que construyeron solidaridades, que defendieron derechos, que entregaron su vida para que esa Patria amada sea soberana, inclusiva, justa, igualitaria, fortalecida por un pueblo que se desarrolla  económica y culturalmente afianzando su identidad.

 Sin embargo hay quienes, desde la frivolidad y la opulencia, desde la cuna son amamantados por el desamor al pueblo y a la Patria. Hay quienes crecieron en círculos  tan pequeños, tan avaros, tan llenos de privilegios, que desarrollaron un profundo sentimiento de desprecio y de odio. Desprecian este país aunque lo necesitan para tergiversar de su historia, para denigrarla, para destruir su cultura, y apropiarse de sus riquezas. Son los que absolutamente desprendidos de sentimientos fraternos se unen a los capitales económicos y financieros del mundo que pretenden establecer una nueva forma de sometimiento y dependencia.

Son los  que usan los medios de incomunicación para crear un pensamiento único desbordado de desesperanza y de derrota, en un intento de una construcción de sentido falsa. Son los que, carentes de Patria, quieren imponer la resignación como forma de vida, porque la única posibilidad de supervivencia que tenemos, según ellos, es someternos a los poderes económicos avasalladores de todos nuestros derechos y nuestra soberanía.

Pero las Madres, nos reconocemos en el otro y desbordadas de esperanza elegimos el camino de la lucha constante, persistente porque estamos convencidas que un mundo mejor es posible, sólo nos queda construirlo.

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