Por Sara Mrad. El domingo pasado fue el día del niño.
Y pensar en la niñez, en la vida fresca, en el cogollo tierno que juega como al descuido por los barrios, habitando, como puede, el paisaje frágil de las casas construidas con las mínimas posibilidades, sólo por la necesidad imperiosa de un techo que dé resguardo a la familia.
Pensar la niñez vestida de ausencias, porque lo que sobra es la presencia del hambre que duele hasta los huesos mientras las enfermedades prevenibles se instalan en sus cuerpitos tiernos por el modo absurdo de ver el mundo que tienen aquellos que miran con los ojos desbordados por la mezquindad, la avaricia y el odio visceral y perverso...
Pensar en la niñez, ese retoño presente sólo para quienes viven en los bordes de una sociedad injusta, invisibles o rechazados absolutos para quienes viven a resguardo, sin frío, sin hambre, sin pobreza, sin miseria que les taladre el alma.
Cuántos niños/as habrán dejado de lado sus sueños, sus sufrimientos, cuando la fragilidad de sus pequeños e indefensos cuerpos claudicaron por el abandono de funcionarios impúdicos y de un Estado empecinado en la crueldad de la "miseria planificada" y que nos gobernó durante cuatro penosos años.
Cuatro penosos años en los que profundizaron de manera alarmante la pobreza, destruyeron el sistema de salud, de educación, de seguridad social, y entregaron las riquezas de nuestro país .
Cuatro penosos años que les alcanzó además para la infamia de dejar abandonadas en un frigorífico millones de vacunas y que quizá hubieran servido para fortalecer los cuerpos de miles de niñas/niños con la vida partida en mil pedazos impedidos de llegar, tan siquiera, a la cercana adolescencia.
Vergüenza debería darles antes de salir a vociferar por las calles. Vergüenza debiera darles no haber salido a hacer estallar sus gargantas defendiendo a aquellos sumergidos en la precariedad de la vida...
No los vimos salir cuando miles de trabajadores quedaron desocupados por el insensible gobierno de Mauricio Macri. Tampoco los vimos cuando pretendieron silenciar nuestras voces destruyendo la Ley de Medios. Mucho menos los vimos cuando, violentando nuestras leyes, hicieron entrar por ventana dos jueces en la aristocrática Corte Suprema de Justicia, ni cuando los jueces "probos" y obsecuentes, de un sistema judicial perverso, se dedicaron a la persecución política en lugar de impartir justicia y, mucho menos los vimos, cuando entregaron el destino la Patria y de su pueblo a manos de capitales financieros del mundo.
Pero ellos están allí, usando ropajes de democráticos, ocultando el odio visceral hacia las clases populares y con el desparpajo y la insolencia de siglos salen a reclamar por la "libertad", la "dignidad", la "república" y la "independencia de la justicia" cuando justamente, fueron ellos los que históricamente avasallaron la vida de nuestro pueblo y contaminaron y destruyeron nuestras instituciones cuantas veces quisieron.
Pero así son, indignos y perversos. Son los que desplegando el andamiaje obsceno de la mentira se disfrazan de oposición política cuando desde el nacimiento de nuestra Patria y subidos al pedestal de la soberbia, la desvergüenza y la infamia se erigieron en destituyentes y golpistas.
Son así y están allí, son los que otrora asesinaron nuestros próceres, cuando no los condenaron al exilio, como sucedió con el siempre inquebrantable y admirado San Martín; son los que para el primer centenario de la Patria reprimieron miles de trabajadores, los que más tarde bombardearon Plaza de Mayo, los que secuestraron y desaparecieron a Nuestros Hijos/as, son los que pretenden el fracaso de un gobierno nacional y popular.
Están allí y son la desesperanza, el desprecio y la muerte para conservar y acrecentar privilegios ¡qué puede importarles la fragilidad de la vida de los niños/as y de los ancianos/as!
En cambio los pueblos somos la esperanza multiplicada en millones de solidaridades , somos millones de rebeldías resistentes porque si no fuera así y como dice un poema de Armando Tejada Gómez, "entonces las manos son inútiles fardos y el corazón apenas una mala palabra"...


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