Pasaron 44 años que las Madres, junto a nuestros hijos y nuestras hijas , tuvimos que soportar la planificación más siniestra del sufrimiento .
Nuestras Hijas y Nuestros Hijos, con sus cuerpos desgarrados, violentados, lacerados, mirando de frente los ojos de los asesinos...Las Madres soportando el dolor con entereza, con el alma desgarrada, con el desvelo constante, con los ojos irritados pero con los puños cerrados por la injusticia y la vulneración pero con la cabeza bien alta desafiando y enfrentando la perversidad de nuestro enemigo.
Y ellos allí aplaudiendo y festejando la victoria de haber logrado que una junta militar mancille los destinos de la Patria con la tortura y la muerte. Ellos, los mismos de siempre, en las sombras, los civiles planificadores de la crueldad sin límites, esos civiles a los que no los alcanzó, ni siquiera los rosó, el Juicio a las Juntas, el Nunca Más, tampoco los juicios posteriores a la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Impunes como siempre, desde hace siglos ...y aún están allí ...
No se fueron tampoco cuando Macri perdió las elecciones. Están allí, amenazantes, con un proyecto miserable de planificar un nuevo sufrimiento, estrategia política aberrante nacida desde la esencia misma del odio porque no les alcanzó con el hambre y la pobreza...
Casi medio siglo después Duhalde es el vocero de los grupos económicos y mediáticos, con la desagradable expresión sarcástica de su rostro y la impudicia de sus palabras...
Con el repudio no alcanza. No alcanza con repetirlo una y mil veces en la prensa, ni en los programas de televisión, ni en las redes sociales...NO ALCANZA
No basta con poner en palabras la indignación y la bronca. No alcanza si no somos capaces de aferrarnos con uñas y dientes a este período constitucional, con todas sus dificultades, pero que día a día tenemos la obligación de ir fortaleciendo, trabajando empecinadamente por una nueva justicia, con jueces probos que condenen a todos los que hieran a la Patria y a su pueblo con la rapiña, con la desfachatez del enriquecimiento de unos pocos a costa de las espaldas dobladas por el esfuerzo de nuestros trabajadores.
Las palabras no bastan, tenemos que esforzarnos para desenmascararlos y combatirlos pero las instituciones del Estado también deben accionar, presurosas, inflexibles, con todos los estamentos que correspondan hasta que de una vez por todas podamos arrinconarlos en sus propias miserias.
Tenemos que arrinconarlos, sí, hasta el fondo de sus propias miserias para que se ahoguen en la putrefacción maloliente de sus proyectos y que se queden ahí, desamparados, como desamparado quedó nuestro pueblo mientras vivió, sometido y avasallado, por el proyecto cruel, absurdo y miserable de las desapariciones, de los asesinatos, tanto como cuando sufrió y sufre la desesperación del hambre y la pobreza impuesta.
Las Madres, obstinadas y tenaces como somos, no permitiremos que la sangre de Nuestros Hijos se haya derramado en vano por eso no descansaremos hasta que logremos desterrar para siempre la desmesura de todos y cada uno de los proyectos del neoliberalismo fatídico porque no perdonamos y no olvidamos.

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