El silencio cómplice de la UCR

Por Iván Jeger, periodista y militante de HIJOS, editorial para el programa de radio Nacional "Quién tiene de la bandera". El domingo 6 de septiembre pasó casi inadvertido a nivel nacional, salvo pocas excepciones. Ese día se cumplieron 90 años del primer Golpe de Estado en nuestro país y, ni el presidente de la Unión Cívica Radical, ni el sitio de la UCR publicaron nada en sus redes sociales. Absolutamente nada.

Intelectuales y medios de comunicación supieron jugar su rol en esto y es necesario mencionarlos.
Basta buscar en Google la portada de algunos diarios de la época y veremos, por ejemplo, al diario Crítica titular "Revolución". Y, en la bajada informar que "...el Ejército Nacional, al mando del Gral. Uriburu se levantó contra el gobierno INCONSTITUCIONAL del Sr. Yrigoyen".

Uno de los ideólogos principales fue Leopoldo Lugones, socialista de joven y fascista en su madurez, quien había anunciado seis años antes que la democracia había llegado a su fin (apenas 14 años desde el primer gobierno electo bajo la Ley Sáenz Peña) y que había llegado "la hora de la espada". El poeta es quien redacta la proclama golpista. Así comenzó a tejerse el siglo XX argentino, entre golpes y represiones.

La complicidad, arengando y luego avalando las dictaduras, de algunos intelectuales y medios hegemónicos siempre estuvo. El diario La Nación se lleva el podio en esta materia. Por eso, Arturo Jauretche, figura relevante del radicalismo primero y del peronismo después, sabía decir: "Cuando tengo una duda, me acuesto pensando en eso; si cuando me levanto persiste mi duda, leo La Nación y hago exactamente lo contrario".

46 años después del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen, los medios nacionales definían como "Nuevo Gobierno" a la dictadura cívico militar y señalaban que existía una "Total normalidad" en el país.

Uno de los cómplices de los genocidas fue José María Muñoz, endiosado hasta el hartazgo incluso por algunos periodistas "progres". Luego de ganar el mundial juvenil de fútbol ante la Unión Soviética el 7 de septiembre de 1979, arengaba a ir a la avenida de Mayo y demostrar "a los señores de la Comisión de Derechos Humanos que la Argentina no tiene nada que ocultar"; eran los tiempos en que los argentinos éramos derechos y humanos.

Los miembros de la CIDH se encontraban en la sede de la OEA, en avenidad de Mayo, para recibir las denuncias de los cientos de familiares de detenidos desaparecidos que, arriesgando su pellejo, habían podido llegar hasta allí. El organismo había llegado a la conclusión de que, por acción de las autoridades públicas, en la Argentina se cometieron durante el período (1975-1979) numerosas y graves violaciones a los derechos humanos.

El silencio y, en muchos casos, la complicidad de ciertos medios hegemónicos siempre fue notorio, como la repudiable editorial del diario La Nación de noviembre de 2015 titulado "No más venganza", indicando que "la elección de un nuevo gobierno es momento para terminar con las mentiras sobre los años 70 y las actuales violaciones a los derechos humanos".

Sin embargo, les guste o no les guste, aquí estamos. En Tucumán, continúan los alegatos por los crímenes cometidos durante el Operativo Independencia. Hace poco, la Cámara de Casación dio lugar al reclamo por la causa Fronterita, muy a pesar de la decisión del juez Daniel Bejas. Y los juicios van a continuar. Y esas audiencias son seguidas por nuestros periodistas, nuestros comunicadores de ese hermoso proyecto iniciado en diciembre de 2012 llamado El Diario del Juicio y que enseña una nueva manera de comunicar, sin censuras y con el compromiso de la lucha por los derechos humanos. Otra comunicación es posible y la estamos construyendo.

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