Jueves 10 de setiembre de 2020: Por las Plazas con las Madres

Por Sara Mrad. Cuando llega agosto y los días se suceden me gusta caminar por las vereda de mi ciudad, contemplando los naranjos callejeros,  a la espera del estallido silencioso y perfumado de los azahares.

No importa  la "lluvia negra"  por la quema de cañaverales que cada año tenemos que soportar por la desidia desaprensiva e imprudente de la  industria azucarera.

No importa la ceniza insoportable cuando ya setiembre da sus primeros pasos y salgo a la puerta de mi casa, miro hacia la esquina y desde allí, orgulloso, un lapacho florecido pareciera saludarme ( tan bello es como el que, silencioso, habita en el fondo de mi casa), y las patas de cabra talentosas aprovechan para compartir esa primavera que asoma un tanto tímida todavía mientras los grandes tarcos azules aguardan su momento para compartir el cielo y robarse alguna  nube... Son esos pequeños placeres que nos da la vida aún en estos tiempos tan dolorosos.

 Cómo no vas a salir a recibir ese pequeño regalo, de renacimiento y vida, que nos da la naturaleza, cómo no vas a disfrutarlo cuando estamos sufriendo la impiadosa, la irracional,  embestida de la derecha conservadora y oligárquica dispuesta siempre a intentar rompernos los sueños y hacer añicos nuestros pequeños y simples placeres cotidianos.

 Nada es casual, todo está perfectamente orquestado, organizado, planificado cuando desde la avaricia y el odio se generan acciones políticas. En un hilván no hay puntadas sin hilo, (dice un dicho popular). Mucho más cuando en ese hilván, cada puntada, son las vergonzantes acciones de Juntos por el Cambio con su hipócrita decisión de impedir que la Cámara de Diputados se reúna, el anuncio de la posibilidad de un golpe de estado en palabras del  nefasto ex presidente Duhalde, los homenajes del Ejército a los que participaron del Operativo Independencia, los que se reúnen aviesos para defender sus impúdicas libertades quemando  barbijos porque sólo la muerte les da verdadera satisfacción.  Y ahora la policía bonaerense tomando nuestras calles, provocadores y amenazantes se instalan en las puertas en la residencia de Olivos portando sus armas reglamentarias, con el ímpetu abominable de sumergirnos en la zozobra, en la angustia, poniendo en peligro a  la Patria y al pueblo que la habita porque el único objetivo es socavar los cimientos de un gobierno protector de las mayorías populares que se empeña en preservar la vida.

Por eso en cada primavera a las Madres nos gusta andar por las veredas de la Patria Grande. ¡Cómo no salir y andar si a cada paso está la memoria insoslayable!¡ Si en   cada brote tierno están los adolescentes militantes de la Noche de los Lápices, si está el recuerdo infinito, irreductible, de los hermanos Arancibia, si están los y las docentes que sufrieron  secuestro y desaparición ...y está el insobornable Salvador Allende "por las anchas alamedas", que regresarán, como cada primavera, para que juntos sintamos el placer profundo y cotidiano, de renacimiento y vida, por haber construido una sociedad más justa  y equitativa en una Patria verdaderamente soberana.

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