Juntos por el Cambio no vacila en violar el pacto democrático


Por Juan Carlos Di Lullo, periodista.
El ex presidente Mauricio Macri, al firmar una carta que alguien escribió en su nombre, suscribió (entre otros dislates) a la idea de que o gana su espacio político o es que hubo fraude; como queda feo expresarlo así, inventaron la disyuntiva "es elecciones libres o no habrá transparencia en los resultados". 

Esteban Bullrich, hoy senador (cuando no está lo reemplaza su foto), dice ante el regocijo de Luis Majul que "en las PASO de 2019 hubo un gran fraude". No detectó sin embargo irregularidad alguna en las presidenciales de 2015. ¿Cual es la diferencia? Hace cinco años, Macri le ganó a Scioli por menos de dos puntos, y en agosto del año pasado perdió por casi 15 puntos frente a Alberto y Cristina Fernández. Si gano, hay transparencia. Si pierdo, denuncio y no dejo gobernar. 

Los diputados de Juntos por el Cambio (JxC) pueden sesionar de manera remota, pero no siempre; aunque en CABA y en las provincias en las que son gobierno y tienen mayoría legislativa el debate es siempre remoto, en la Cámara de Diputados de la Nación exigen presencialidad y traban las sesiones. Si no lo logran, amenazan con judicializar (eligiendo algún juez permeable) las decisiones legislativas. Otra vez: si se hace lo que quieren, hay democracia y triunfó el diálogo. Si les toca perder en las votaciones, hay dictadura y avasallamiento de la República. 

La gran mayoría de los dirigentes de JxC (por lo menos, los que se dejan ver y oír) alientan e impulsan  manifestaciones "espontáneas" que tienen un denominador común: el ataque al gobierno constitucional. Cualquier excusa sirve. Y se ven escenas patéticas, como la que ayer se montó frente al palacio de Tribunales para pedir a la Corte Suprema que "apruebe el per saltum" (¿¿??). Es curioso que los manifestantes espontáneos, ciudadanos que se declaran apolíticos e independientes, levanten (en su mayoría) carteles del mismo tamaño, con la misma tipografía e idénticos colores de fondo y hasta barbijos con igual leyenda: "este es un país de mierda". Resulta extraño un patriotismo y una pasión incontenible por la República sostenidos en consignas despectivas hacia el propio terruño. 

No son hechos aislados; no hay casualidades. Hay un poder real que no se resigna y no quiere admitir que, a pesar de las ayudas internas y externas, de los apoyos multimillonarios de adentro y de afuera, el candidato que respaldaron perdió. Impulsados y amplificados por un aparato mediático formidable, no vacilan en violar el pacto democrático, aunque sufra la República y las instituciones se vean amenazadas.

¿Será casualidad que al mismo tiempo, allá en el norte, Trump denuncie que habrá fraude en su contra en las próximas elecciones de su país?

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