20 años de la partida de mi mamá | Por Iván Jeger


Editorial del programa de radio ¿Quién tiene la bandera? que se emite por Radio Nacional - Tucumán.
Hablar de Graciela González es hablar de la historia de lucha y militancia del Tucumán de la segunda mitad del siglo XX. Este jueves 22 de octubre se cumplirán 20 años de su partida y, cada vez que la menciono, son muchos y muchas quienes la recuerdan como una mujer con un poder de oratoria único y unas convicciones de sus ideas impresionantes.

Cada vez que recordaba a mi abuelo, un hijo de España, republicano y antifascista, se le llenaba el pecho de orgullo porque fue en gran parte de él de quien aprendió a mantenerse firme en sus ideales, pese a quien le pese, aunque sabiendo que la autocrítica era también una de sus principales cualidades.

Es así como Graciela, estudiante de Derecho, supo destacarse con sus discursos en las jornadas del Tucumanazo, siendo recordada por propios y extraños. Quienes fueron sus contemporáneos cuentan que, en el Comedor Universitario, obreros y estudiantes enmudecían para poder escucharla. 

Cuando uno le preguntaba por esas jornadas, solía decir que durante el Onganiato o eras un militante o eras un pelotudo. Así de simple eran sus definiciones, sin grises ni medias tintas, directas y sin filtro.
Pero Graciela también era una amante de la literatura, amante de los libros tanto en francés como en inglés. Creo haber perdido la cuenta la cantidad de chiques que lograron ingresar a la Normal o que safaron de quedar de curso cuando algún joven caía en sus manos. Tenía una fórmula tan sencilla como complicada y que la aplicaba en su militancia: "yo le voy ayudando, pero quien tiene que superar el exámen es usted; todo depende de usted, del compromiso". Así, de usted, no los tuteaba. Pero les remarcaba siempre que sin compromiso no se lograba nada. 

Según cuentan sus amigos de peñas y quienes la conocieron, era una gran intérprete de tangos y canciones en francés. Admiradora de Edith Piaff, de la vieja guardia tanguera y de Joan Manuel Serrat en quien sus canciones le recordaban la España que amaba su padre andaluz.

Graciela era, por sobre todas las cosas, una nombradora, una persona que ponía las palabras justas. Es conocido su discurso, en la década de los 90, cuando se dirigió a Menem quien había dicho que estaba harto de ver a las Madres en la plaza. Y fue cuando le recordó que pasaron los dictadores, Alfonsín con sus leyes de Obediencia Debida y Punto Final y que pasará Menem (como pasó) y que ellas seguirán estando ahí, porque "SOMOS LA PLAZA".

¿Quién tiene la bandera? quiere recordar a nuestra Madre, Graciela y rendir homenaje a todas nuestras Madres, como Sarita, Pirucha Campopiano y otras que en nuestra provincia se levantaron contra genocidas, pseudodemócratas y represores. 

Madres de la Plaza, les Hijes las abrazan. Graciela González, PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE.

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