Desde la llegada de los conquistadores, hasta principios del actual siglo XXI, la hermana República Plurinacional de Bolivia - sin temor a equivocarnos - fue una de las más golpeadas, castigadas y saqueadas en todo el mundo, lo que la convirtió en paradigma de la desigualdad y de la injusticia.
Primero fue la plata y el oro, luego el Estaño (gran proveedor durante las Guerras Mundiales) y, finalmente, el petróleo y el gas, junto a la criminalización de la milenaria hoja de coca, que el imperialismo norteamericano convirtió en el gran negocio de la cocaína, con la que sus agencias financiaban operaciones ilegales e inhumanas.
Siempre, el saqueo de materias primas llenaba los bolsillos de pocos y condenaba a muchos a la pobreza extrema. A Bolivia le quitaron tierras, bosques y ríos. Le quitaron vidas y hasta su salida al mar.
Se terminaba el siglo XX y la brecha entre los que más tenían y los que nada tenían, era propia de la Edad Media. En ese contexto, Bolivia era tierra fértil para que fundaciones y ONG's se multiplicaran de a miles, siempre en manos de canallas que vendían en el exterior las imágenes de la pobreza por ellos mismos provocada, para recibir dólares y euros de la ayuda internacional, que nunca llegaban al pueblo. Las imágenes del altiplano y de las cholitas eran vilmente utilizadas para vender, no así para repartir lo recaudado.
Todo este genocidio económico, social y cultural vinieron a cambiar la capacidad de lucha, el sentido de pertenencia y la conciencia de clase de un Evo Morales Ayma, junto al intelecto, la militancia y la coherencia de un cuadro político como Álvaro García Linera.
Por primera vez, en cinco siglos, Bolivia pasaba a ser de todas las bolivianas y bolivianos. Las utilidades de la industria energética quedaban mayoritariamente en Bolivia y la distribución de la riqueza adquiría la esencia de la Justicia Social. Por fin, surgía un Yrigoyen o un Perón, que velaba por sus desposeídos y sus descamisados.
Y apareció el litio; y los gobiernos populares de Sudamérica ya habían caído bajo las garras del Plan Cóndor 2, logrando imponer en toda la región, gobiernos alineados y alienados a EEUU. Quizás el triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México, el de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, aceleraron los tiempos.
En este contexto, orquestaron el golpe de Estado en Bolivia, que se concretó en el mes de noviembre 2019. En pleno siglo XXI, las oligarquías y sus desclasados seguidores, volvían a pisotear una Constitución.
Mientras tanto, en Argentina, un gobierno que se iba (el del PRO; CC y la UCR), no conforme con haber brindado apoyo táctico y logístico al golpe de Estado, cerraba sus sedes diplomáticas en Bolivia para no dar asilo a nadie, a la vez que se negaba a reconocer que en el vecino país se había roto el orden constitucional.
Y otro gobierno, que llegaba, pero al que le faltaba un mes para asumir (el de Alberto y Cristina, el de Todos), hacía las gestiones para que Evo lograra salir de Bolivia y pudiera llegar, en un vuelo con escalas, a México, tarea que no fue nada sencilla, ante la negativa de algunos países para permitir el uso de su espacio aéreo.
El imperio mostraba que no solo mabejaba a sus cipayos latinoamericanos, sino también a sus estructuras diplomáticas, a sus recursos y hasta a su aire. La orden era matar a Evo, a ese cholo que había tenido la osadía de devolver la digna República Plurinacional de Bolivia, a sus originarios dueños.
La casa de Evo y de familiares y funcionarios, fueron destruidas, mujeres originarias, atacadas y golpeadas. La pollera y la wiphala, ofendidas y humilladas. Vapulearon su propia identidad.
En realidad, la derecha boliviana odia los orígenes ancestrales de los pueblos andinos. Mira a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como la puerta de Europa (no podés conocer Europa, sin antes conocer Buenos Aires, le enseñan a sus malcriados hijos) y Miami es su máxima aspiración. Eso si: No soportan que la cholada quiera quedarse con lo que ellos consideran su país. Quieren lo que odian, inexplicablemente.
Por todo esto, el triunfo de Luis Arce cobra enore valor y es de esperar que recuperado el gobierno por el poder popular, los cabecillas del golpe (civiles y uniformados) y la usurpadora, sean juzgados, condenados y encarcelados.
Gracias, pueblo de Bolivia, por volver a reafirmar con tu voto mayoritario, que el destino de su Patria está atado al de los movimientos sociales y al de sus pueblos originarios, con la esperanza de que su onda expansiva logre despertar y levantar a toda América del Sur, para encontrar el único destino al que debemos estar incondicionalmente atados: la Patria Grande.
Salud, Bolivia. Salud, Argentina. Salud, México. país por país, estamos Volviendo, porque ¡No nos han vencido!


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