De goles y de alertas


Por Carlos Zelarayan, ZETA.
Hemos recibido tantos golpes, que acabaremos por acostumbrarnos a estar siempre temiendo el que está por venir. Lo digo por los muchos peros que leo y escucho sobre el triunfo de Luis Arce y del MAS en Bolivia.

Nuestra palabra, la palabra política, la que necesitamos para (re)construir una mayoría que siembre —cautelosa e incansablemente— el fin de esta brutal oleada neoliberal en nuestramérica, debe ser una palabra habitable, serena, convencida, una lengua que crezca entre nosotrxs y —precisamente— esxs miles, cientos, millones con quienes habremos de torcerles el brazo.

Recuperar y poner en marcha una conversación imprescindible (y, otra vez: incansable) con «todxs lxs nosotrxs que somos ustedes» y con «todxs lxs ustedes que somos nosotrxs», para jugar con las palabras del zapatismo.

A mí, les confieso, la movilización del 17, el pueblo reunido, la gente en la calle, me hizo dar ganas de abrazar gente. La sensación del gol. ¿Vieron? Y ahora el triunfo de Arce…

Lo digo de otro modo: es como si fueras a la cancha, tu equipo hace un gol (porque así, como un gol necesitamos gritar el triunfo del MAS) y en lugar de abrazarte con cualquiera, gritar, apretar los ojos de alegría, salís a decir «ah, no, pero los dirigentes del club no le pusieron fecha al arreglo de la pileta». ¡¿Qué!?

¡Hicimos un gol! ¡El sábado metimos uno de media cancha! ¡El del MAS es un golazo! Y si nos contagiamos de lo que estamos haciendo y lo hacemos con cada vez más compañerxs, ¿por qué no podemos soñar una goleada?

Y cuando recuperemos el club, arreglamos la pileta.

No quiero banalizar, en absoluto. Ni ser torpemente ingenuo. No se me escapa la seriedad que tiene lo que estos tipos están haciendo...

Pero nuestra gente, hoy, ese crecido pueblo unido, está gritando un gol. Gritemos con ellxs. Es una jornada histórica. No termina nada: todo está empezando.

El piso se les movió. Y fuimos nosotrxs (¿o acaso no tenemos derecho a sentirnos así, parte de un nosotrxs, con lxs hermanxs del pueblo boliviano?).

Ya será tiempo de una reflexión seria (que deviene indispensable), aunque quizá podamos anotar algunos elementos. El primero es que la elección no estaba descontada. Que haya elecciones en Bolivia es el resultado de muchos factores, entre los que no hay que menospreciar el haberle salvado la vida a Evo y a Álvaro. Pero no solo eso.

La (impresentable) derecha boliviana se recompuso más o menos improlijamente y trazó su plan, con idas y vueltas, producto de su estupidez supina.

Aun así, fueron capaces (alertados por el creciente liderazgo del MAS en las encuestas) de reagruparse, y hacer declinar las candidaturas de Jeanine Añez y Jorge “Tuto” Quiroga con el fin de apelar al voto útil e impedir una posible victoria en primera vuelta de la izquierda. De ese modo, apostaban todo a una polarización entre Arce y Mesa que —en el peor de los casos— los llevara a segunda vuelta.

Pero ni siquiera ellos son conscientes de los monstruos que desatan.

El factor Camacho entró en la disputa.

No tuvieron problemas en usarlo para dar el golpe, y de bancar su actuado dramatismo. Como cuando se presentó en la Casa de Gobierno, y ante la ausencia de Evo colocó su exigencia de renuncia sobre una biblia más la bandera boliviana arrodillándose en el piso como si fuera un cruzado entrando a Jerusalén. Lanzado a La Paz como Juan Guaidó en Venezuela cuando ganó la calle y tuvo que recular, el abogado boliviano fue el mascarón de proa de una oposición que no disimulaba de lo que sería capaz de hacer en el gobierno. Camacho citó en público a Pablo Escobar como sinónimo de lo que debería hacerse en Bolivia —sugirió anotar en una libreta a los traidores al estilo del narcotraficante— y quiso correr a Carlos Mesa, el principal candidato presidencial opositor, del escenario. Entonces no lo logró... ahora fue una insoportable piedra en el zapato.

El MAS logró algo histórico. Anotemos: que Macri no haya podido reelegir, como hemos analizado una y otra vez, se lo debemos a la rebelión democrática de agosto de 2019, basada en la jugada maestra de CFK y, sobre todo, a la existencia del peronismo.

Pues bien, no es imposible que algo semejante esté naciendo en Bolivia. Evo ha fundado algo trascendente. Nunca antes un partido destituido por un golpe logró algo así en Bolivia. ¡Y en solo un año! Nunca, y no es experiencia en sufrir golpes de Estado lo que le falta al país hermano.

De suerte que hay mucho para pensar. Y mucho más aún para hacer, porque esto apenas si está empezando. Como dijo Álvaro (dicho sea de paso, es notable su silencio y la poca cercanía con Evo los últimos meses, ¿no?), lo que viene, del lado de nuestro compañero Arce, deberá ser «democracia y plazas». Ninguna sin la otra, porque nos pasarán por encima.

Y a reconfigurar nuestra acción diplomática, que no es tiempo de tibios.

Así que eso. A inflar los pulmones. El 17, ahora Bolivia. Que se nos llene la boca de gol.

Con la guardia alta, padre... que nos han declarao la guerra.

Publicar un comentario

0 Comentarios