Por Leonardo Ganzburg, dirigente de Awqay, periodista y fotógrafo. Cuando se hace trabajo de territorio se viven experiencias de diferente índole, se convive con la necesidad, la pobreza, la dura realidad de los olvidados. Sin embargo, también se descubre que existen actores sociales comprometidos con la solidaridad, que pelean en el anonimato contra las injusticias del capitalismo.
En ese sentido, mientras se caminan por los barrios populares, se puede encontrar agrupaciones que se organizan y luchan por un futuro mejor, militan el territorio, pero no se consideran sujetos políticos, prefieren buscar soluciones sin ayuda de punteros o candidatos. Desconfían del Estado, de la derecha, de la izquierda o de cualquier sector vinculado a lo partidario. Estas personas solo confían en sí mismas, en una organización entre pares.
A su vez, luchan por la justicia social, contra el hambre, pero sin la formación necesaria para convertirse en protagonistas de un cambio social. Es entonces cuando sale a la luz la deficiencia de todos los sectores políticos, para atraer a posibles cuadros.
"No queremos saber nada con los políticos". "Sólo aparecen en campaña y después se van". "Prometen y no cumplen". Son las frases que más se escuchan de compañeres que llevan adelante actividades en merenderos, comedores, rifas para conseguir fondos para ayudar a cual o tal persona. Prefieren el camino difícil, ayudar y tratar de salir adelante pero de forma aislada.
Muchas organizaciones sociales contienen a miles de personas, sin embargo no ayudan a fomentar un cambio social, se miden por la cantidad de compañeres que "manejan", una palabra que genera ruido, a la gente no se la maneja, no se la lleva como ganado de un lugar a otro, eso no sirve para lograr un buen vivir. A les compañeres hay que organizarlos, formarlos, darles conocimiento, que les sirva como herramienta de discusión, que les permitan desarrollar un pensamiento crítico.
Por todo esto, es fundamental entender que existe otra manera de hacer el trabajo fino en las bases. La empatía es la mejor forma de ganar la confianza de estas agrupaciones que se creen apolíticas. Sumarlos a un proyecto por arriba de sus expectativas. Darles la razón de que la forma de organización es entre pares. Pero convencerlos que el camino es la unidad, que deben dejar de ser grupos aislados, para convertirse en protagonistas de una lucha más grande, que el pueblo salva al pueblo. Por tal motivo, hay que orientarlos, convencerlos de que sus acciones sociales son actos políticos, y que su visión de un mundo mejor, puede convertirse en un proyecto de cambio social.
Para avanzar por ese camino, hay que brindar oportunidades, demostrar que el trabajo de asistencia a los más necesitados es importante, sin embargo no alcanza. A eso hay que sumar la generación de empleo. Tarea difícil en marco de una crisis económica galopante, primero por los cuatro años de neoliberalismo y segundo por una pandemia que lastima por todos lados.
A pesar de todo hay una salida, el asociativismo, convertir a un grupo de personas en dueñas de su propio destino. La conformación de cooperativas facilitaría una salida a la crisis, reactivaría la economía social, y pondría en práctica que de la organización entre pares podría ser la solución.
En ese sentido es importante destacar el trabajo del INAES. Desde ese organismo se están impulsando mesas promotoras del asociativismo en los diferentes municipios. Por lo tanto, es responsabilidad de las organizaciones que pretenden ser parte ese espacio, atraer a la mayor cantidad de personas en situación de vulnerabilidad, para mostrarles que hay oportunidad de lograr la autonomía económica, a través del esfuerzo, la organización y el compañerismo.
Sólo así, les militantes que no saben que lo son, pasarán a ser factores fundamentales de un proceso de cambio real, dentro del campo popular.


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