Por Javier Ernesto Guardia Bosñak. La última Dictadura Militar, además de Genocida, también fue la que abrió las puertas al primer ciclo Neoliberal en la Argentina y la que posibilitó una mayor concentración de la riqueza y del Poder Real en pocas manos; en pocas familias; en esa Casta Lacra que arrastramos desde que nacimos como Pais.
Estos resumidos y comprimidos datos de una tragedia mucho mayor y profunda, ratifican que el secuestro; la tortura; el asesinato y la desaparición de personas, no fue contra una juventud supuestamente subversiva, sino contra una que se preparaba; estudiaba; trabajaba y militaba, para ser pensante; coherente; patriota; líder y, fundamentalmente, para ser libre.
Y, en ese contexto, desde Tucumán surgía el nombre de un Periodista que había cubierto el Operativo Independencia desde el diario La Gaceta de Tucumán, con un discurso tan procesista (al estilo Mariano Grondona), que a Clarín lo conmovió y convenció: ése Periodista, llamado Joaquin Morales Solá, debía ser suyo. Y así fue. Y así es hasta hoy, 14 de octubre de 2020.
Los tres ciclos Neoliberales en la Argentina, coincidieron en ciertos elementos de importancia, vitales para el sostenimiento de un Proceso o de un Régimen, a saber: 1) manual de la Embajada, acompañado por un suculento financiamiento, pero siempre en forma de préstamo, porque el saqueo puede proyectarse en el tiempo, siempre que al saqueado se lo mantenga con la soga al cuello. 2) Complicidad del Poder Corporativo, principalmente, de la Sociedad Rural y de la Iglesia, dueñas de las tierras y de las vacas; de las almas y de las ovejas. 3) Apoyo táctico y estratégico de la Prensa Hegemónica, con el fin de ir creando sentido común en la sociedad, para que ella misma sea la que empale a gobiernos populares y eleve a gobiernos antipueblo.
Joaquin Morales Solá supo decir del Genocida y llorón Antonio Domingo Bussi: "El general conoce el ámbito local y no ignora las necesidades y las urgencias de la provincia”. Todo un símbolo esta frase, que pinta de cuerpo entero a uno de los mayores fundamentalistas del Consenso de Washington en nuestro País, hombre de posturas sobreactuadas, de esos que ni siquiera arrugan las sábanas al hacer el amor.
Fiel a su mandato y a sus convicciones - hace un par de días - a Morales Solá le tocó el turno de defender y de reivindicar a Mauricio Macri, quien dio una entrevista exclusiva al programa "Desde el llano" (jamás se atrevería a darla a un 678 que, por cierto, no se entiende que aún no haya vuelto a la Televisión Pública), solo para reperir el libreto pre elecciones de 2015 y para culpar a propios y a extraños, sobre el fracaso de su gestión, cuando lo que fracasa - sistemáticamente - es el Manual y el Modelo que impone el mismo.
Macri y sus limitaciones; Macri y su cruda incapacidad para estudiar; analizar y evolucionar; Macri y su mochila genital, a la que él considera pesada (por sus propias limitaciones intelectuales, que no asume), pero que es, en definitiva, lo único que le permitió ser algo en su mediocre vida.
A un bruto de ese calibre sostiene el Poder Real (Clarín; Techint y la Embajada, Jefes Supremos de todo Cambiemos) y no por su vocación de títere, sino por algo mucho más importante e inexplicable a la vez: que, a pesar del daño; del saqueo; del endeudamiento; de la mayor concentración de la riqueza y de la fuga de 50 mil millones de dólares que junto a sus Amigotes fugaron, haya terminado su mandato con 41% de los votos.
Entonces, le dijeron a Morales Solá, hay que cuidar al pavo de los huevos de oro, porque - de la nada - te multiplica pavos y pavas, a mansalva, brutos y manipulables como él. Y Joaquin hace, desde su pulcritud escenificada, el trabajo sucio que tanto ama hacer y que hace desde la Dictadura, hasta Macri.


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