Por Daniel Yépez, docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Creo, modestamente, que la mayor o una de las mayores virtudes de Néstor fue sacar de la charca inmunda, entregadora, rematadora y destructora en la cual el menemismo había sumergido esa gran revolución histórica, iniciada en 1945 por el primer peronismo. Ni siquiera la muerte de Perón y menos la sangrienta dictadura que nos persiguió, exilió, encarceló, torturó y mató de la manera más cruel e infame a 30.000 compatriotas fue capaz de hacer lo que hizo el menemismo, como segundo genocidio (ya no político, ni civil, como en el '76), sino económico, en los noventas.
Desde ese lugar, su tarea esencial fue rescatarlo de las garras de la claudicación, quiebre moral, venalidad política y traición ideológica a su identidad plebeya, que los profetas del mercado, junto al entreguismo menemista tejieron en sus propias entrañas. Sacarle ese vergonzoso sayo que operaba como cínica negación de su esencia nacional, popular, anttimperialista y criolla a uno de los movimientos de masas más grandes del continente, fue la titánica obra de Néstor, no sólo para salvarlo de caer en el basurero de la historia, sino porque supo leer el mundo que se venía en los albores del nuevo milenio.
De ahí que se arremangara, convocando a hombres, mujeres, jóvenes, adolescentes, viejas y viejos, niñas y niños que habían perdido la fe, a re-configurar, a revitalizar y rescatar del olvido la esencia de ese movimiento que vaciado de contenido, giraba en la decepción, el desconcierto y el desencanto. Su presencia, su voz y su obra nos convocó para adecuarlo a las exigencias y a los nuevos desafíos del nuevo tiempo.
Eso lo hizo necesario e imprescindible y junto al comandante Chávez, Lula, Correa, y otros presidentes relevantes de la América mestiza, puso al alcance de la mano muchos de nuestros sueños e ilusiones setentistas, entre ellos la gloriosa unidad latinoamericana, único camino seguro para abrir una senda de emancipación y liberación nacional definitiva. En ese marco se rompieron viejas barreras que nos separaron dolorosamente y hombres y mujeres que antes eran anti-peronistas ahora eran kirchneristas, miles de jóvenes que habían vivido una existencia sin sentido estrangulados por el mercado y el consumismo, descubrieron que la política tenía sentido. Miles de mujeres solas y abandonadas encontraron un cauce que las contenía. También miles y miles de campesinos y compatriotas de sectores marginales y vulnerables, como así también nuestros pueblos originarios, encontraron un movimiento que les infundía esperanzas, les concedía derechos y luchaba contra la desigualdad. Eso fue y es el kirchnerismo, más allá de sus contradicciones, de su fragmentación, de los oportunistas y rastreros que nunca faltan. Del mismo modo, las victimas que sufrieron desesperanzadamente la impunidad del terrorismo de estado, encontraron un gobierno que transformó en política pública los derechos humanos. Y esa nueva oportunidad que reverdeció la esperanzas de muchos de nosotros, la hizo este flaco desgarbado. Ese hombre que vino del frío con una compañera extraordinaria y que con sólo una cajita de fósforos encendió el motor popular que puso en marcha la rueda de la historia. HLVS, compañero Néstor.


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