El pedido de los compañeros del Ateneo, de escribir sobre Bolivia me tiene en esta hoja, difícil no aceptar y más complejo aún, salpicarla de palabras.
Voy a partir de una anécdota, que siempre que puedo la relato. Me sucedió a lado de la Casa Histórica de Tucumán, en un día soleado de agosto del año 2017, como preludio a lo tormentoso que sucedería en Bolivia.
Un dirigente del MAS estaba charlando conmigo, como cualquier turista preguntando algunas cosas sobre los acontecimientos que dieron lugar a la Declaración de Independencia-1816, yo sin saberlo, sólo percibiendo sus bien marcadas «eses»; uno que algo lee, conoce, le explicaba algunos problemas de años anteriores a ésta decisión: los intentos de Castelli, el esfuerzo de Belgrano, las derrotas en Alto Perú (Perú según la documentación de Guemes, el bajo Perú era conocido como virreinato o Lima) y finalmente la decisión de poner en práctica el plan de tenazas a lo largo de Los Andes (con sus ventajas y desventajas en San Martín y Bolívar y Sucre).
El «amigo» me pregunta si conocía el proceso de cambio que se estaba llevando a cabo en Bolivia. Le contesto que sí. Pero le adosé un comentario que quizá no le haya gustado pero que escuchó. Que forzar a que Evo Morales Ayma pueda presentarse nuevamente a elecciones me parecía un exceso de desgaste hacia las figuras del mandatario y de su vice García Lineras (con un Referéndum de febrero de 2016 donde la ciudadanía había expresado que debía llegar al fin de su mandato).
Le afirmé que seguramente tenían un buen equipo político de encadenamiento en jeraquías que ya debían hacerse de práctica (pero que no estaban en la superficie observable nacional).
Silencioso, le acerco, mi aún sangrante experiencia y se la comparo (en territorios muy disímiles como es universidad y barrios).
Le afirmé que las nuevas clases medias, ascendidas en la movilidad social de la administración que supo parir Evo Morales, bien leídas, mejor alimentadas y con ocio para reflexionar (reflexiones incorrectas por la nebulosa del engaño), no iban a aceptar otro mandato. Decía sangraba aún, porque los aproximadamente 8 millones de pequeñosburgueses/as y otro tantos millones de trabajadores industriales, paridos bajo la administración Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, nos votaron en contra, luego de tanta propaganda (para serle sincero le dije: de tanto tener la cabeza pegada a la tv y las zonceras del face, muy utilizado en esa época), cortando el proceso industralizante y mercadointernista en 2015.
Si existe una nueva experiencia en su país, que traía una nueva conformación de clases en áreas urbanas con semejante crecimiento, requería de una ampliación política y nuevas caras.
De militante a militante, le afirmé que Bolivia debía aprehender del grosero error de Argentina. Luego recordé que Bolivia nunca había tenido antes una clase media formal, al menos en el occidente de alturas y poco desarrollado en las demás regiones. El compañero insistía en el liderazgo ganado, pero obviaba el recambio de líderes que la democracia necesita para oxigenarse en cada década, que podríamos tomar como espacio temporal para el desenvolvimiento de los/as mismos. Luego como todo turista, y él ya no lo era, nos saludamos cordialmente, deseándonos los mejores augurios para América Latina y nuestros países.
El domingo 18 de octubre Bolivia recuperó su Democracia. ¿La no presencia de la misma por once meses fue por viva capacidad de la derecha autóctona? ¿El mal manejo interno del conteo? ¿La capacidad de imperial de volver a someter Sudamérica (vaya si la Unión Europea y EE.UU no desean el litio)? ¿El exceso de confianza? ¿O todo junto y más?
Renacía Bolivia, era lo importante en ese día.
Casi nadie en el cono sur entiende la complejidad territorial, étnica, de clase y nacionales del corazón mediterráneo que es Bolivia. A todas estas palabras escritas las vimos actuar en pocos días, corporeizadas en instituciones de poder civil, antes de la renuncia de Evo. El Alto, la conservadora Oriente y sus burguesías mestizas y «blancas», las nuevas clases medias de Potosí, Cochabamba, Tarija y Oruro, los trabajadores mineros y las históricas y enraizadas comunidades campesinas indígenas occidentales. Como una orquesta sin maestro para dirigirlas entraron en contradicciones y las Fuerza Armadas dudaron y el Estado de derecho se fue al tacho. Se desconoció el escrutinio, los voceros de la Organización de Estados Americanos activaron sus protocolos, y a pesar que se aceptaba llamar a otra elección, fue el detonante para la revolución de color, preparada para Bolivia.
Nadie dejó de sufrir con las muertes en Senkata y Sacaba. Ya no se podía afirmar que no era una Dictadura. La ciudadanía misma no tenía marco estatal y llegó a quemar casas de dirigentes, golpes públicos a ciudadanas que fueron electas, enfrentamiento abiertos. No existía el Estado o se estaba configurando uno que dejaba afuera incluso a quienes habían apoyado el derrocamiento de Evo para ganancia de un grupúsculo.
Han pasado 11 tristes meses, donde los activos del país están devaluados, hay deudas contraídas, la economía estancada, pero sobre todo la moral misma del pueblo boliviano, en cada rincón y en cada estrato social, está lastimada.
Se triunfó. Sí, pero el daño ha sido realizado.
El jefe de campaña, ex presidente Evo Morales Ayma desde Buenos Aires afirmaba que a las comunidades indígenas les costaba aceptar que un «blanco» fuese candidato (técnicamente podríamos decir un clásico mestizo universitario, de gran mayoría en América del sur). Pero nada nos dice que sus hijos e hijas forman parte de una nueva generación que tiene su base en lo rural con fuerte arraigo en las ciudades sin perder el encadenamiento, y que vamos a ver desarrollarse como semillero para el bien de Bolivia, dinamizando las jerarquías en cuadros políticos (por si alguien se tienta a pensar que los indígenas en sus territorios están en el Jardín del Edén y y poseen pureza racial). Quizás no era tanto una revolución lo que veíamos sino la llegada de Bolivia a la modernidad, pero tan de repente que confundimos la aceleración institucional con el cambio de carácter estatal, cosa que no sucedía, pero si cambiaba. Creo que es maravilloso poder contar aún en vida con este cuadro político, y que con sus marcadas «eses» y con la indomericana paciencia, haya destrabado la situación dando nuevamente dinámica a la juventud y a sus mejores hombres y mujeres para que guíen al pueblo.Aún el proceso de cambio que el populismo ha propuesto a los pueblos de latinoamérica no está terminado. Ha demostrado ser la mejor arma para doblegar al Neoliberalismo que aún vive muy arraigado en nuestra cultura cotidiana. Demostrando que ideológicamente sigue en pie tenemos muestras de sobra (tenemos un racimo de jefes de estados aún).
Queramos o no, el Socialismo del siglo XXI, tan pregonado por el ilustre venezolano Hugo Chávez Frías, es nuestro Capitalismo del siglo XXI, progresista en cuanto a movilidad social, y desarrollista para abandonar definitivamente los ligazones que poseen nuestras burguesías nativas con los centros de poder mundial, y lograr la ansiada industrialización.
Debo sumar que esta revolución de color, blanca, con una flor de tapujú, bandera de los pueblos amazónicos, podría haber terminado en una desastroza guerra civil. Y la participación de los cuadros medios y el control de las masas por parte del MAS y de los dirigentes regionales fue admirable. Quizá el concepto de Patria aún perviva en un sentido de unidad incluso en quienes administraron el Estado Plurinacional en Dictadura. No se pudo contenerla pero del emergente conflicto es de donde podemos aprehender para nuestros países.
En cuanto al recurso energético del país, como el gas y el litio, deberán dar pie a fábricas que permitan desarrollar a Bolivia. Esperamos que en semanas más cuando el Presidente electo Luis Arce asuma, y observe los datos económicos, pueda anudar lo que venía a galope, como era el valor agregado que deriva del litio, con la nueva coyuntura que asoma compleja por la gripe COVID-19. La modernidad sin perder las tradiciones, obliga a estar en la vanguardia en los recursos energéticos renovables y alternativos. El Estado Plurinacional y sus instituciones deberán sanar primero para llamar a lo que el electo Presidente llama Unidad Nacional. Los grupos de derecha secesionista son pequeños pero explosivos pero habrá que invitarles a participar porque es el Estado Plurinacional, tan diverso que puede y debe contener y modificar las conductas de la ciudadanía que lo lastimó. Seguramente nuestras democracias siempre parecen frágiles, pero la lección que recibieron en las urnas, es esperable que los llame a la reflexión.
Espero que este salpicón pueda dar pie a ampliar y desarrollar por otros autores/as lo que debemos necesariamente saber del vecino y hermano país.
Vayan los saludos fraternales para Bolivia renovada. Un gran abrazo para Luis Arce y David Choquehuanca. Y el cariño inconmensurable para Evo Morales Ayma, luz guía en latinoamérica.


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