Por Daniel Yepez. Y, como decía el gorilaje, los perucas son incorregibles. Pero Maradona no sólo fue un ídolo deportivo, sino una figura nacional e internacional que se distinguió por sus posicionamientos políticos.
En ese sentido fue una notable excepción, quien a pesar de sus yerros y desventuras personales, mantuvo incólume sus principios y condición. Y si algo hay que respetar es el dolor y también la manifestación popular frente a esa figura que comienza a desandar el más allá. Respetar a la gente, al pueblo, a los de abajo, que aún sabiendo el riesgo que corrían fueron a despedir a su ídolo.
O solamente los chetos, los cipayos e hijos de puta odiadores seriales, pueden salir a la calle? Hoy es un día especial. Un día de dolor y congoja popular. Un día inédito y único, en el que uno de nuestros ídolos partió al comando celestial. Y qué querían? Que muerdan el televisor? Que lloren en un rincón de la casa?
Fue algo espontáneo y para nada previsible. Tan es así que ni siquiera el gobierno y el aparato del Estado fueron capaces de planificar mejor este inesperado y trágico acontecimiento. Y bueno, no salió como lo imaginaron. Pero ya está. Al fin y al cabo, el Diego era un bardo en sí mismo. Donde él estaba, había multitud, gente, movimiento y sentimiento. Entonces, ¿por qué el día de su muerte, tenía que ser distinto?


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