Por Sara Mrad. A veces siento que la memoria es como un río que se desplaza por miles de kilómetros, pero que en su camino va dejando la humedad necesaria para fructificar la fertilidad de la tierra. Así la siento, así la sentimos las Madres, ese permanente fluir que impide que la historia se convierta sólo en el recuerdo y en el análisis de sucesos del pasado para ser la memoria enérgicamente inquieta que logre fructificar el presente y el futuro de los pueblos. Porque, para nosotras, la historia sólo debe ser concebida desde la incesante memoria de los pueblos empeñados en construir su destino en forma colectiva.
Pero ese caudal inagotable y permanente de la memoria está lleno de vicisitudes, plagado de obstáculos, generados por los que quieren manipular el derrotero de la vida de los pueblos, por los que pretenden dominarlo atentando contra su integridad, avasallando todos y cada uno de sus derechos y pretendiendo un sólo y único objetivo: el sometimiento.
Ese río caudaloso pareciera que por momentos que se convirtiera en un espejo que me devuelve la imagen de un mes de noviembre en el 2005, tiempos en que la fertilidad fructificaba en un NO rotundo al ALCA, tiempos en que nuevamente y de la mano de presidentes que decidieron ser los generadores de un nuevo tiempo, la Patria Grande renacía orgullosa enfrentando las pretensiones imperiales dominantes de Estados Unidos.
Pero también me lleva a otro noviembre, de hace 50 años, en donde la permanente resistencia de nuestro pueblo en Tucumán era capaz de enfrentar la dureza impenetrable de una oligarquía implacable en la explotación de los trabajadores rurales, me lleva a la incesante lucha de los trabajadores fabriles, entre ellos los trabajadores azucareros, de la metal mecánica, los ferroviarios y a tantos otros, pero también a la de los estudiantes empeñados en enfrentar las dictaduras militares para comenzar a modelar un país diferente, solidario, inclusivo y con verdadera justicia social.
Allí estaban Nuestros Hijos, rebeldes, irredentos y revolucionarios. Allí estaban, combativos, generosos, echando mano a la solidaridad insurrecta, para paliar los dolores que traía consigo la injusticia social provocada por los que querían y quieren manipular la vida de los pueblos con el hambre y la miseria.
Pero esos jóvenes también están en este aquí y ahora, resistiendo los resabios perversos que nos dejaron los tiempos neoliberales de Macri. Tiempos en los que se profundizó la desolación en barrios carenciados, en los que los jueces obsecuentes perfeccionaron un sistema judicial pernicioso y putrefacto, en donde el sistema de salud se caía a pedazos y la educación naufragaba en las turbias aguas de la desidia ...
Por eso están en este aquí y ahora encarnados en los que vienen navegando por el río revoltoso de la memoria inquieta, comprometiéndose, como aquellos hijos nuestros y demostrándonos que la fertilidad propició frutos en el fervor militante y solidario de una juventud empeñada en construir esa Patria justa, libre, solidaria, igualitaria, que nos merecemos.


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