Por Leonardo Ganzburg, dirigente de la O. B. Awqay, periodista y fotógrafo. Los combustibles aumentaron un 2,5%, esto impactará de manera directa en los demás productos, se viene un fin de año complicado, sobre todo para los sectores populares.
En ese sentido, distintos
comerciantes aseguran que los alimentos aumentaron en lo que va del año
al rededor del 30%. Muy por encima del 7% de incremento a los salarios
de los estatales y ni hablar del triste 5% a los jubilados.
Lo
cierto es que el Estado está con una crisis económica tremenda. El alto
número de pobreza que dejo el Macrismo, incrementada por la pandemia, es
sumamente preocupante.
A pesar eso, no se debe caer en la necedad de la izquierda o de los anti peronistas. Hay que reconocer que el gobierno intentó contener a los sectores
vulnerables, con la tarjeta alimentaria, el IFE, el ATP, la asistencia tanto a
merenderos como a comedores, y el aumento de cupos para programas de empleo. Sin embargo
es de tal magnitud la necesidad del pueblo, que todo es insuficiente.
Por lo tanto, es
fundamental que se tomen medidas más drásticas contra los grandes
grupos económicos. Sobre todo con las empresas distribuidoras de
energías (electricidad y gas). Las mismas deberían ser
controladas por el Estado. Ya fueron demasiados años de atropello a los
usuarios. Es inadmisible que un trabajador o trabajadora que gana el Salario Mínimo Vital y Móvil, destine la mitad de su sueldo para pagar
tarifas.
A su vez, sería acertada la vuelta del del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), o de la Junta Nacional de Granos, organismo disuelto por el neoliberal Cavallo en 1991, dejando al libre mercado la comercialización y exportación de granos. Esa política económica sólo favorece a los grandes productores, a los monopolios y al monocultivo que tanto daño le hace a la tierra. Por lo tanto, el Estado debería volver a tener el control sobre la
producción, el precio y la venta al exterior.
En consecuencia, se vaticina un
panorama complicado para las economías populares. Es entonces cuando el trabajo de las organizaciones sociales se vuelve imprescindible, con la contención, la organización y la autogestión, ya que son las herramientas fundamentales para que los de abajo puedan sobrevivir.
Finalemente parece que se está transitando el último tramo de la pandemia. Una nueva normalidad va surgir, se espera que en el próximo año se reactive la economía. Uno de los factores determinantes serán las paritarias, otro será como avanza el gobierno con medidas concretas para favorecer a la clase trabajadora con una verdadera justicia social.


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