La vita davanti a sé (La vida ante sí). Dirección: Edoardo Ponti. Año: 2020. Duración: 94 min. País: Italia. Guion: Ugo Chiti, Edoardo Ponti, Fabio Natale (Libro: Romain Gary). Música: Gabriel Yared. Por Pedro Arturo Gómez, docente de la carrera de Ciencias de la Comunicación y Escuela de Cine, de la UNT. Fotografía: Angus Hudson. Reparto: Sophia Loren, Ibrahima Gueye, Renato Carpentieri, Abril Zamora, Babak Karimi, Massimiliano Rossi, Francesco Cassano. Productora: Palomar. Distribuida por Netflix.
El libro de Roman Gary "La vida por delante" tuvo su primera adaptación cinematográfica en el film Madame Rosa (Moshé Mizrahi, 1977) con Simone Signoret, que obtuvo el Oscar a Mejor Película en Idioma no inglés. Lo peor que podría haberle ocurrido a esta segunda versión estrenada ahora en Netflix es reducirse a un mero vehículo para el retorno a la pantalla de una mega estrella; afortunadamente, no ha sido así. Tampoco se trata de una fábrica de lágrimas, a pesar del potente tono emotivo de esta historia vuelta a contar en la que reina con majestuosa incandescencia la presencia de Sophia Loren.
Con pulcra solidez, sin ademanes de alto vuelo creativo, pero a la vez a salvo de la mecánica sentimental, el relato halla su camino en el paso de esta Madame Rosa que la Loren construye entre la aspereza y la ternura, el vigor y la fragilidad, la dureza de una existencia encallecida y el vuelo de una alegría vital donde el padecimiento no ha fermentado.
La vida ante sí es la que se encuentra en el pasado de esta trabajadora sexual retirada, sobreviviente del Holocausto, que da asilo a niños a quienes sus madres no pueden cuidar, y todo el incierto futuro que tiene por delante el adolescente senegalés Momo, interpretado con magnífica ductilidad por el debutante Ibrahima Gueve, que pretende plantarse en un mundo hostil dentro de su coraza de joven delincuente. Entre ambos se va armando otro mundo, el del afecto, en un microcosmos de solidaridades que celebra sin proclamas la inclusión y la diversidad.
En sus mejores momentos, la película de Edoardo Ponti tiene lugar para el encanto del baile que comparten Madame Rosa y su amiga Lola, encarnada por la actriz transgénero Abril Zamora, y el éxtasis de una cámara que sigue una huida por las calles trasnochadas de la ciudad costera de Bari, hasta la contemplación en terso silencio de un amanecer a orillas del mar. También hay espacio para el rondar simbólico de un gran felino, signo aquí de reparación y renacimiento.
Las fórmulas y las convenciones narrativas están ahí, es cierto, pero inyectadas de auténtica vida y emoción; y entre todo esto, la magnética inmensidad de la Loren, con sus 86 años, en un regreso a tono con su icónica trayectoria.


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