El slasher adolescente de Christopher Landon


Por Pedro Arturo Gómez.
Con antecedentes como Black Christmas (Bob Clark, 1974), el subgénero de terror “slasher adolescente” se puso en marcha a partir de Halloween (John Carpenter, 1978), película que abrió una veta para la explotación de la muy rentable juvenilia del espanto cinematográfico. Entre la legión de realizaciones que se enrolaron en esta tendencia, se hallan productos bastardos como la saga de Martes 13 (Friday The 13th), creada en 1980 por Sean S. Cunningham, y un sinfín de filmes con jovencitas y jovencitos despanzurrados en medio de su estallido hormonal por el asesino de turno, las más de las veces en campamentos o cabañas en parajes de bosques y lagos, anodinos suburbios y residencias colegiales. 

Franquicias más o menos desteñidas como Final Destination (¡donde el asesino era la muerte misma!), Sé lo que hicieron el verano pasado y Leyenda urbana agregaron algún ingrediente o condimento novedoso, y hasta algunas perlitas se deslizaron en este cofre de sobresaltos mecánicos como The Cabin in the Woods (Drew Goddard, 2011), It Follows (David Robert Mitchell, 2014) y The final girl (Todd Strauss-Schulson, 2015), todas recortadas sobre los moldes del distanciamiento irónico postmoderno. 

Pero la verdadera renovación la aportó el inagotable Wes Craven –creador en este terreno de otra extensa saga, Pesadilla (A Nightmare on Elm Street)- con Scream (1996), que a su vez dio lugar a una prolongada seguidilla de secuelas, cimentando las bases de la comedia juvenil de terror, también desde la autoconciencia postmoderna. En esta misma línea, le llega ahora su momento a Christopher Landon (hijo del popular actor Michael Landon, famoso por las series Bonanza y La familia Ingalls), director de Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, 2017), Feliz día de tu muerte 2 (Happy Death Day 2U, 2019) y Freaky, este cuerpo está para matar (Freaky, 2020). 

Dejando de lado su incursión en la alicaída franquicia de Paranormal Activity, las dos Feliz día de tu muerte y Freaky son películas de un dinamismo tan truculento como delicioso y colorido, con no pocos momentos de auténtico frenesí sangriento, endiabladamente divertidas, que entretejen elementos extraídos de filmes como Hechizo del tiempo / El día de la marmota (Harold Ramis, 1993), Donnie Darko (Richard Kelly, 2001), Coherence (James Ward Byrkit, 2013) y Quiero ser grande (Big, Penny Marshall, 1988): personajes atrapados en un bucle de tiempo, viajes entre dimensiones paralelas y el intercambio de conciencias de un cuerpo a otro, todo esto inserto en los mundos de la adolescencia barridos por las arremetidas brutales del asesino munido de la correspondiente arma punzante-cortante. 

En todas ellas, en particular en Freaky –donde Vince Vaughn compone, en desopilante tour de force, a un serial killer habitado por la conciencia de una muchachita- se hace palpable el sentido de una crítica mordaz a terrores reales como el sexismo machista, la homofobia y el bullying, males menos pintorescos que los psicópatas asesinos seriales del subgénero, pero tan letales como puñaladas infligidas por las patologías de la cultura dominante.

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