Por Juan Carlos Di Lullo. La llegada de las vacunas a Argentina y Chile sirvió también para demostrar que la promesa de información neutral e independiente es una quimera. La cobertura de TN de ambos acontecimientos debería usarse como bibliografía en las carreras de periodismo. Serviría para demostrar crudamente la falta de objetividad en la que puede incurrir un medio.
Temprano, las imágenes mostraron un helicópero en una pista de aterrizaje de Chile, bajo la mirada de un grupo de personas (entre ellos, el presidente Piñera). Adrián Ventura y Sergio Lapegue, en el piso de TN, rivalizaban en un torneo de elogios a la organización y la previsión del gobierno chileno, virtudes que les permitieron lograr la "vacuna de Pfizer, cosa que en Argentina no se pudo". Dijeron que ahora, Chile estaba en condiciones de enfrentar a la pandemia.
Horas después, en Ezeiza, el cronista acreditado Norberto Dupesso criticaba la disposición (que afectó a todos los medios presentes) por la cual él no pudo acceder a la pista ya que había una transmisión oficial. Se ocupó más de sus sensaciones personales que de transmitir lo que estaba ocurriendo en la terminal aérea. Lapegue (afortunadamente) ya se había ido, pero Ventura repartía críticas a todo: a la organización, a la ambición de los funcionarios ("sólo quieren la foto del avión descargando la vacuna", dijo), a la "sospechosa" autorización de uso para la vacuna Sputnik V (vacuna rusa, según el manual de estilo del grupo mediático), a la "improvisación" en la distribución de las dosis; menospreció (según su escala de valores) a Cecilia Nicolini (omitiendo su condición de asesora del Presidente) al presentarla como "la representante de Cristina en esta gestión de la vacuna" (rusa, claro). Sumó puntos así en el Premio Alfredo Leuco que destaca al periodista que más veces nombra a la vicepresidenta para criticarla.
Ventura coronó su sesgada interpretación de los hechos con la frase: "lo único que el Presidente quiere es la foto de la primera persona vacunándose antes de fin de año". Claro, Piñera es un estadista exclusivamente preocupado por la salud del pueblo chileno.
Fracasada la operación mediática que convenció a muchos de que la vacuna no llegaría, quedarán otras instancias para denostar, desprestigiar, devaluar y despreciar todo lo que el gobierno hace. Sin datos, sin pruebas, sin evidencias. Sólo con la prepotencia de su agobiadora posición dominante en el espacio comunicacional.
Dato final: Chile, en la elogiada escena matutina, recibió 10.000 dosis. Tucumán, lejos, muy lejos de la Capital, tendrá 11.500 dentro de 48 horas. Y así (proporcionalmente) en todo el territorio nacional.
La neutralidad no existe. Acaban de leer un escrito que corrobora ese aserto, ya que su autor no es neutral. Opina desde una posición subjetiva pero explícita. A diferencia de quienes proclaman independencia y objetividad mientras operan descaradamente en función de los intereses de sus mandantes.


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