Por Pedro Arturo Gómez. Año: 2020. Duración: 115 min. País: Estados Unidos Estados Unidos. Dirección: Lee Isaac Chung. Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri , Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon. Productora:Plan B Entertainment (Distribuidora: A24). Género: Drama | Infancia. Años 80. Inmigración. Vida rural (Norteamérica). Cine independiente USA.
“Minari” en la tradición coreana es el nombre de una hierba (una especie de berro) que puede crecer en cualquier lugar, dotada de la capacidad de renacer aún más fuerte tras haberse secado. Desde el título de la película, esta palabra funciona como una metáfora de la resiliencia de una familia de inmigrantes coreanos –Jacob Yi, su esposa Monica, su hija preadolescente Anne y su hijo de siete años David- que llevados por el padre se afincan en una parcela de campo, en una zona rural de Arkansas durante los años ’70. Puestos a vivir en el furgón desacoplado de una casa rodante, sostenerse y prosperar mediante el cultivo de la tierra es el proyecto de Jacob, un empecinado propósito en cuyo trayecto se interponen las vicisitudes de la inserción sociocultural, los infaltables aprietos económicos y los rigores del clima, factores todos que alimentan las fricciones en la pareja. El cuadro humano integra también a un excéntrico vecino fanático religioso que ayuda a Jacob en su sembradío, y a la madre de Monica, una abuela atípica que sacude con su llegada el tenso escenario doméstico, sobre todo en los choques con su nieto David. La focalización narrativa se halla en este personaje infantil, aquejado de un problema cardíaco, un niño de filoso ingenio cuya mirada cala en el precario mundo de los adultos. Con un tratamiento estético de la naturaleza que recuerda al Terrence Malick más rescatable (el de Días de gloria, por ejemplo), las tribulaciones de la familia Yi se suceden sin despeñarse en el melodrama, aunque bordeándolo, dándole forma a un retrato del esfuerzo por hallar un lugar en el “american dream”, ideal cuyas zonas escabrosas son interpeladas por una pregunta que se hace en su inestable vigilia el pequeño David: “¿es esto un sueño?”.

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