El título central de la tapa del 11/3/21 de Clarín puede usarse como ejemplo acabado de "real malicia": la información es falsa, se publica en un medio masivo a sabiendas de su falsedad y la intención única es dañar al gobernador de Buenos Aires, a su entorno más cercano y a la exitosa campaña de vacunación provincial.
La figura de "real malicia" permite iniciar acciones legales por parte de quien se sienta agraviado por publicaciones periodísticas, y no colisiona con las garantías de libertad de prensa y de expresión consagradas en el art. 14 de la Constitución Nacional.
Clarín hoy utiliza una (nueva) defección intelectual de Beatriz Sarlo, quien alguna vez fuera respetada en el ámbito académico; la escritora mintió ante las cámaras, se desdijo ante el fiscal, pidió unas disculpas de compromiso y volvió a mentir para no ser vapuleada en público.
Sarlo (maoísta, luego isabelista, después alfonsinista, al cabo magnettista y, permanentemente, egoísta) no trepidó en traicionar la confianza y el respeto de un indiscutido caballero y destacado editor (Carlos Díaz, de Siglo XXI), quien no hizo otra cosa que invitarla a integrar una lista de notables para una campaña solidaria; lo hizo en reconocimiento al prestigio de la autora, cuyos títulos ocupan un lugar destacado en el catálogo de la editorial. A cambio, Sarlo lo sumó sorpresivamente a su inventada "cadena de favores" y lo arrastró a la tapa de Clarín como insólito "partícipe necesario" de una inexistente maniobra alrededor de las vacunas.
Triste ocaso para quien gozó de cierto prestigio intelectual y quiso erigirse en paradigma de la honestidad y del pensamiento crítico pero termina mendigando espacios en los medios a cambio de la exhibición penosa de sus resentimientos personales, mientras contribuye con mentiras a la maquinaria de obscenidad periodística que hoy ejerce una influencia decisiva sobre la opinión pública.
Concluyo con una definición que circula en las redes, que no me pertenece, pero que me encantaría haber escrito: "Espero que esto desenmascare a Sarlo. Quería ser la Sontag de estas pampas y termina siendo el Sebreli de las señoras gordas".



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