Doblan por ti


Por Zeta.
El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, aseguró hoy (19/5) que "los encuentros en lugares cerrados, sean laborales, familiares o sociales, donde hay más de dos o tres personas que están más de 15 minutos reunidas, son el motivo principal del repunte de casos".

Ya sé que vivo distraído, pero me pregunto, ¿no?, en un aula ¿no se dan exactamente todas esas condiciones? ¿Acaso en un aula no ocurre, justamente, el encuentro entre dos o tres o más personas que están mucho más de 15 minutos reunidas? ¿Y hace unas semanas, no fueron hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que esos secuaces del neofascismo (y, en más de un sentido, sus garantes) les facilitaran — precisamente – que esas dos o tres o más personas pudieran estar reunidas MUCHO MÁS que durante 15 minutos en ese lugar cerrado que es un aula?

¿Es eso o de verdad estoy muy distraído?

Entre el 19 de abril y el 18 de mayo murieron 13.037 personas por coronavirus en nuestro país. Ese número insoportable incluye a Sol Yazmín Casella. Tenía 23 años. Estaba sana. No tenía enfermedades prevalentes. Trabajaba y estudiaba en su casa y apenas salía para hacer lo absolutamente inevitable. Este virus maldito la mató en apenas un puñado de días.

El neofascismo neoliberal es hoy la principal fortaleza del SARS-CoV-2. Sin lo que ha sembrado en los años nefastos que lleva asolando al mundo, la propagación de la enfermedad hubiera encontrado un límite diferente en la sociedad. Su prédica deshistorizante, su prepotencia criminal, sus miedos de comunicación, el desplazamiento del sujeto (político) que propicia, la entronización del individuo, su astuta apropiación de la libertad, entendida como el más rancio egoísmo desligado de todo compromiso social, de toda relación con lo común, el mérito (que no es otra cosa que la renuncia lisa y llana a todo espacio de solidaridades y de mutuo reconocimiento humanista, eso que nos gusta llamar patria), en fin, su veneno de sálvese quien pueda, dolorosamente recitado y repetido a golpe de cacerola por quienes son sus destinatarios principales, todos estos juntos y otros que no quiero sumar para no hacerles perder tiempo, son —también—fundamentos del virus.

Es una combinación mortífera. 

Ojalá seamos capaces de librarnos de ella antes que sea demasiado tarde. Como es tarde ya para Sol. Y para tantos y tantas que nos vienen disminuyendo, impiadosamente, cada día. ¿O no es así, querido John Donne?

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?

¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?

¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?

¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,

como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,

porque me encuentro unido a toda la humanidad;

por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

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