Por Zeta. Estos _otros_ apuntes desordenados, deben sus núcleos fundamentales a la querida Julia Aibar, y vienen a cuento a propósito del texto de Jorge Alemán publicado en el portal web de Página/12, https://www.pagina12.com.ar/347412-apunte-sobre-los-barcos
En primer lugar, digamos que no perdemos de vista que el texto de Alemán es un apunte: ni todo lo que tiene para decir acerca de este asunto y quizá, ni siquiera, lo fundamental.
Dicho eso, algunos otros apuntes.
Alemán escribe como si los que negáramos a una parte de este enigma que, por comodidad, nombramos Argentina, fuéramos los molestos con Alberto. Y no solo repite el "error", sino que además pretende sostenerlo teóricamente, incomodando a la teoría y hundiendo todavía más a Alberto.
Es un tema para abordar más allá de sus contingencias.
En estos días todxs recibimos decenas de comentarios de compas queridxs, compas que están de este lado de la vida, "indignadxs", "sorprendidxs" (qué tema el de la sorpresa); y un centenar de memes que, es cierto, ubica a la derecha miserable, con algo así como "nos vamos a reír nosotrxs de esto, pero la derecha cierra el pico... lo único que falta es que quieran limpiar cinco siglos de traiciones por un furcio". Le quitan, de ese modo, el aire solemne de lxs “heridxs” de la hora ultimísima, mientras les marca la cancha al caranchismo de todas las horas.
Sin embargo, no es menos cierto que la mayoría de las críticas y de los memes se encarga, con precisión quirúrgica, de hacer referencia a los países ofendidos y (casi) ninguno a los "marrones" de acá. Nada casualmente, los pocos memes que "se hacen cargo" del asunto... fueron generados en las provincias. Son los únicos que no lo critican a Alberto desde eso que Freud se encargó de aclararnos hace un siglo: el narcisismo de la pequeña diferencia es una marca registrada de esta comarca. No hay provincianismo más rústico y elemental que el de un/a porteño/a.
Para un provinciano, para un "marrón", no hay sorpresa posible. Tenemos el oído y la sensibilidad lo suficientemente despiertos como para advertir ese aire de superioridad con el que esta Ciudad –que tanto queremos— nos ha ninguneado desde siempre, creyéndose —también desde siempre— más blanca de lo que es. Quiso sepultar lo negro, para después admitirlo en olor de concesión "progre", para rasgarse las vestiduras frente a lo políticamente incorrecto, mientras no tiene empacho en juntar medias impares para tirarlas, siempre desde arriba, a eso marrón que afea sus calles, sus macetones y sus bicisendas, a lxs miles y miles de marrones que no entran en la cuenta de la historia.


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