Entre1976 y 1977, una y dos veces por semanas, se sucedían en nuestro país, los llamados vuelos de la muerte. Un grupo de secuestrados entre 25 y 30 personas eran llevadas a una sala de ESMA. Le inyectaban una sustancia como pentonal o ketalar que los adormecía y luego los desnudaban. Más tarde, eran trasladados en un camión al Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery. Los cargaban en un avión del ejército y en pleno vuelo eran arrojados al Río de la Plata en una primera instancia y en vuelos posteriores al mar. Se estima que además de la ESMA, los vuelos salían de otros centros clandestinos de detención. Al día de hoy no se contabilizan sobrevivientes.
Algunos de esos cuerpos destruidos comenzaron a aparecer en las costas de Argentina y Uruguay entre 1976 y 1977. El periodista y escritor Rodolfo Walsh fue uno de los intelectuales que habló sobre esta tragedia en su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Al día siguiente fue acribillado a balazos.
En este marco, Ceferino Décima, humorista tucumano, devenido primero en conductor televisivo y ahora radial, se burló en las redes sociales, mediante un meme, de lo sucedido. Posteó una foto de Rafael Videla, presidente defacto de aquél entonces, en la que se lo observa sonriente, mientras una leyenda dice que los zurdos vienen de los aviones. Lo hizo en consonancia con los memes que se sucedieron por las declaraciones fallidas del presidente Alberto Fernández que aseguró que los argentinos descendemos de los barcos europeos.
Esta situación causó repudio en un amplio sector de la sociedad: organizaciones de derechos humanos, políticas, sociales, civiles, sindicales, universitarias, entre otras. Incluso se realizó una denuncia en el INADI por parte de la agrupación HIJOS.
No conforme con semejante provocación, este comunicador, empleado del intendente de San Miguel de Tucumán Germán Alfaro, continuó mofándose en su programa “Ceferino hecho un demonio” que transmite Radio Continental – Tucumán, como también en sus redes sociales.
Banalidad del mal
En 1963, basándose en sus reportajes del juicio y sobre todo su conocimiento filosófico-político, la intelectual Hannah Arendt escribió su Eichmann en Jerusalén. Allí, además de comentar las sesiones, hizo un análisis del “individuo Eichmann”.
Según Arendt, “Adolf Eichmann no poseía una trayectoria o características antisemitas y no presentaba los rasgos de una persona con carácter retorcido o mentalmente enferma. Actuó como actuó simplemente por deseo de ascender en su carrera profesional y sus actos fueron un resultado del cumplimiento de órdenes de superiores. Era un simple burócrata que cumplía órdenes sin reflexionar sobre sus consecuencias. Para Eichmann, todo era realizado con celo y eficiencia, y no había en él un sentimiento de «bien» o «mal» en sus actos”, indica Wikipedia.
Décima encaja en esta definición, sobre todo por el deseo de ascender en su carrera profesional y burócratica. No escatimó en burlarse de las víctimas del terrorismo de Estado ni reivindicar el golpe militar más sangriento de nuestra historia. Acusó, a su vez, de ladrones a las víctimas que en muchos casos fuero resarcidas por el Estado ante la tragedia que sufrieron.
Sin lugar a dudas este personaje merece todo el repudio de la sociedad, además de una firme condena por hacer apología del delito, por negar el terrorismo de Estado, por su falta de ética, rigurosidad histórica. Por ser un comunicador macabro.


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