El peronismo será revolucionario o no será nada | Eva Perón


Cuando en julio de 1948 organizó la Fundación Eva Perón, poniendo el eje en la dignidad de la ayuda social, en contraposición de la indignidad de la limosna, las señoras de bien de la alta sociedad supusieron con razón que las cosas, definitivamente, se les habían ido de las manos. Dijo entonces Evita: “Porque la limosna fue siempre para mí un placer de los ricos: el placer desalmado de excitar el deseo de los pobres sin dejarlo nunca satisfecho. Y para eso, para que la limosna fuese aún más miserable y más cruel, inventaron la beneficencia y así añadieron el placer perverso de la limosna, el placer de divertirse alegremente con el pretexto del hambre de los pobres. La limosna y la beneficencia son para mi ostentación de riqueza y poder, para humillar a los humildes”. Ese, y otros discursos incendiarios (“El peronismo será revolucionario o no será nada”; “Si es preciso haremos justicia con nuestras propias manos… yo saldré con las mujeres del Pueblo, yo saldré con los descamisados de la Patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista; porque nosotros no nos vamos a dejar aplastar más por la bota oligárquica y traidora de los vendepatrias que han explotado a la clase trabajadora”), toda esa arenga contestataria, fueron llevando a Evita a convertirse en mucho más que una primera dama muy particular.

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