Editorial del Jueves 26 de agosto de 2021: Por las Plazas con las Madres


Por Sara Mrad.
 Agosto se está yendo. Se va entre lapachos florecidos y azahares perfumados. Andar y desandar las  veredas produce ese placer intenso y gratificante que, supongo, será el mismo placer cuando logremos construir una sociedad más justa. 

Agosto se está yendo  en silencio. Se va cobijado por la sequía del  invierno. Se va entre el polvo y la lluvia negra, de cenizas, de malojas incendiadas, que levanta el viento irreverente.

Agosto se va. Termina su ciclo de abrigar semillas. Se va dejando que los lapachos y los azahares sean los encargados de abrir las puertas a un setiembre colorido de perfumes.

Y aquí estamos, para sentirlo partir entre la bruma espesa de polvo suspendido de un tiempo electoral plagado de calumnias,  de mentiras, de ocultamientos, de una oposición que, tergiversando la historia,  ha mutado en enemiga absoluta de las clases populares.

 Allí viene setiembre cargando en sus espaldas las esperanzas de quienes luchamos contra los que devaluaron los sueños y la existencia  de los impedidos de siempre, de los permanentemente imposibilitados de planificar sus vidas de trabajo y dignidad por decisión de los que gobernaron hipotecando el presente y el futuro de generaciones ante los capitales financieros del mundo.

Fondo Monetario Internacional perverso, que, con sus caudales y sus préstamos azuza la crueldad los gobiernos de las clases económicamente enriquecidas para acrecentar la pobreza y el hambre como método implacable de sometimiento y dominación. Fondo Monetario Internacional que ahora, en una falsa  actitud caritativa, destina fondos y envía un giro especial por las crisis dramáticas producidas por la pandemia.

Es impensado que la suma de millones de dólares vayan a paliar en algo la angustia, el desasosiego de las clases populares agobiadas. Ni para generación de empleo, ni para construcción de viviendas, ni para mejorar el sistema educativo. Nada de eso sucederá. Sólo servirá para pagar los intereses de una deuda fraudulenta que el macrismo adquirió y que hoy, en tiempos de elecciones, niega con el descaro y el   desparpajo de siempre. 

Allí viene setiembre acariciado por las esperanzas de que en noviembre sea posible  concretar el sueño de imposibilitar la absurda realidad de que las clases dominantes manejen los destinos de la Patria.

Y aquí  estamos percibiendo  la primavera que se asoma. Así nos enseñaron Nuestros Hijos y Nuestras Hijas, que la  vida tiene su costado oscuro, opaco, trágico, pero que, si, como los agostos, aprendimos a abrigar las semillas revolucionarias, la primavera será  esa Patria justa, libre, soberana, igualitaria que nos merecemos. 

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