Si hay una frase que define a Eva es la que siempre repetía junto a Perón: “En la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños”. Esta definición de una de las figuras más destacadas y entrañables del peronismo, fue citada miles de veces para recordarla.
Se ha escuchado muchísimas veces a personas mayores que recuerdan como gracias a Evita “les llegó en tren su primer juguete” o “su primera bicicleta”. También de aquellos niños que conocieron la playa y el mar gracias a Evita y las políticas peronistas. Sin dudas ella fue el corazón del peronismo, que -según el mismo Perón- “cuidaba y asistía a quienes dormían a la intemperie mientras el peronismo construía una casa grande en la que ningún argentino quedara afuera”.
Los orfanatos de aquella época, eran lugares grises. La Defensora de los Descamisados destruyó la lógica triste y anacrónica de estos asilos, creando la “Ciudad infantil Amada Allen”, destinada a niños de dos a siete años huérfanos. La construcción se basó en la amplitud y luminosidad de los espacios, para que constituyeran lugares más amigables donde se pudiera hacer felices a los niños que no podían ser asistidos por sus padres u otros familiares. La Fundación que presidía estableció veinte Hogares Escuela durante los siete años precedentes al golpe de estado de 1955.
“Para los pobres, lo mejor”, decía Evita, y mandaba a construir un barrio para personas de escasos recursos en los que se seguían los planos de la más sofisticada arquitectura de Estados Unidos. Por eso también les hacía poner parquet a las habitaciones y amplias bañaderas en los baños. Esto generaba odio en la oligarquía, que acusaba a los pobres de “hacer asados quemando la costosa madera arrancada del piso de las viviendas” o de “carnear animales adentro de las bañeras”.


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