Mojones

Por Zeta. En el libro Historia y pasión. La voluntad de pensarlo todo (un diálogo con José Pablo Feinmann), Horacio recuerda una asamblea estudiantil masiva, en 1972, en el edificio de la calle Independencia, lleno de gente sentada en el suelo. Rememora, allí, que Conrado Eggers Lan (profesor de Filosofía de la historia), respondiendo a una invitación —que en verdad se les hizo a todas las personas que conformaban esa asamblea— para que tomara la palabra, pronunció una frase que decía, más o menos, así: «Estamos aquí todos juntos protagonizando una gran oración».

González cuenta que la frase se escuchó con profundo respeto, puesto que estaba en el ambiente la idea de una religiosidad de las reuniones, todos los cuerpos reunidos, y de algún modo era tolerable que, en vez de una arenga revolucionaria, eso fuera una oración.

Recordé ese pasaje, luego de asistir, conmocionado, a la obra poética y musical que revela y expone símbolos de la memoria vital y dramática de nuestro país, titulado Mojones. Signos y memorias de la Patria, en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner.

Liliana Herrero, Teresa Parodi y Juan Falú, protagonistas centrales de esta gema, estuvieron acompañados por Pedro Rossi en guitarra, Facundo Guevara en percusión, Ariel Naón en contrabajo y Lilian Saba en piano.  

En el espectáculo presentaron una serie de nuevas canciones, casi exclusivamente escritas por Parodi y Falú, en torno a las señales históricas, artísticas y políticas de la Argentina, prologadas por textos de Horacio González.

Precisamente, un texto de Horacio, leído por Liliana, es el punto de partida para esta aventura que nadie, en su sano juicio, debería perderse: «Contamos una historia bajo una forma sentimental, épica, elegíaca. Caminando como en un sueño. Percibiendo estos mojones que, para ser comentados, interrogan algunos hechos concluyentes de la historia. Para debatir sobre ellos. Para que, con unas pocas hebras, flotando en el viento, el pasado no se nos escape de nuestras manos y de nuestra voz. Los hechos, los mojones, se expanden como una niebla a la que la poesía alcanza. O se pierden como un torrente, al que la música atrapa».

Escribo esto que no es una recomendación, sino una súplica, todavía estremecido por “Los sueños que no perdimos”, el único texto escrito con posterioridad a la partida de Horacio González, y mientras perdura en mi cabeza la infinitamente bella "Vidala del que no está": «Aquí está quien no está / vive en cada canción que es posible cantar».

Aquella frase de Eggers Lan volvió con fuerza, porque creo que captura, con una sensible profundidad, una sensación que me acompañó de principio a fin con este recital, y que he sentido, en más de una ocasión, escuchando a quienes admiro y me han conmovido y han sembrado en mí lo poquito que todavía valdría la pena rescatar. Esa sensación de estar protagonizando una gran oración.

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