Por Juan Carlos Di Lullo. Los periodistas argentinos (en este caso no hay grieta) han popularizado la idea de que, con respecto a la pandemia, “lo que pasa en Europa es como el diario del lunes para nosotros”. La metáfora es correcta, porque hasta ahora, todo lo que pasó en el Viejo Continente se replicó en términos casi idénticos en Sudamérica con unos meses de diferencia.
Bueno, el diario del lunes dice que Francia tuvo ayer 60.000 casos y cerró las discotecas, que Bélgica prohibió las reuniones familiares en espacios cerrados, que Gran Bretaña impuso restricciones a viajeros y decretó la vuelta al trabajo virtual, que Suiza volvió a establecer la obligatoriedad de los barbijos, que los Países bajos decidieron la restricción de las actividades no esenciales, que Italia ejerce presión sobre los no vacunados para que se inoculen… y que toda Europa busca en la implementación de los pases sanitarios una barrera al menos parcial a la escalada de los contagios.
Nosotros, con el diario del lunes en la mano, descartamos los barbijos, no queremos vacunas, ni controles en los espectáculos masivos, y hacemos marchas de protesta contra los pases sanitarios “autoritarios y conservadores” mientras los casos aumentan notoriamente en todo el país (especialmente en Tucumán y en CABA) en plena temporada estival.
Es que no sólo hay que tener el diario del lunes. Hay que leerlo y reaccionar antes de que llegue la catástrofe que anuncia.

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